El Papel de la Mujer en la Lucha por la Unidad de Nuestra América (Elena Urrutia)

Conciencia Social, Conciencia Política

Por: Elena Urrutia

 

¿Cómo se despierta la conciencia social y política? Tantos caminos habrá como tantas personas hayan experimentado este proceso, de modo que referirme a mi propio despertar social y político remite, necesariamente, a mi autobiografía.

Totalmente apolítico podría yo decir que fue el ambiente predominante en mi casa, en la escuela y en la universidad a las que asistí. En cuanto a lo social, lo que se desarrolló esos primeros años fue más bien una inquietud cristiana, filantrópica y asistencial. La mayor parte de las mujeres con las que pronto me relacioné y que hacia finales de la década de los 60 y principios de los 70 empezaron a formar ésta que sería la nueva ola del feminismo en México, venía de la militancia de izquierda, en mayor o menor grado. Varias de entre ellas tuvieron una participación activa en el movimiento estudiantil del 68. El tránsito de una militancia a otra les resultaba natural: la política las llevaba de la mano a cuestionamientos feministas.En mi caso no fue así. Si se quiere hablar de despertar, mi detonador fue un sentimiento de injusticia que generaba necesariamente insatisfacción. ¿Por qué el trato y consideración que se me daba era diferente al que recibían mis hermanos varones?, ¿por qué ellos gozaban de mayor libertad de movimiento, de acción?, ¿por qué ellos pudieron elegir la universidad que desearon y yo, en cambio, tuve que acogerme a una universidad confesional?, ¿por qué lo que en ellos se aceptaba, era inaceptable en nosotras, sus hermanas?, ¿por qué nos regía un doble código moral? La acumulación de interrogantes que no tenían una clara explicación hacía que te adjudicaras la causa de tu malestar cuando todavía no podías entender lo que pronto el feminismo te aclararía: que tus problemas no eran de tu exclusividad, que no eran problemas personales sino comunes a todas las mujeres, ya que los compartías con tus congéneres; más tarde entenderías que lo personal era –es– político.

Hacia finales de los años 60 recuerdo en una conferencia en el Instituto Cultural Israelí del Dr. Santiago Ramírez cuyo tema se desdibuja, oír mencionar que la mayor parte de sus pacientes psicoanalíticos estaba formada por judíos y por mujeres con un elemento en común: ambos grupos en busca de una identidad. La idea me pareció esclarecedora: ¿qué éramos las mujeres, qué se esperaba de nosotras, qué roles se nos asignaba en un universo patriarcal diseñado por y para los hombres? Estas interrogantes te remitían a lecturas que provenían de Europa –Francia, Inglaterra e Italia– y Estados Unidos. Artículos en periódicos y revistas, algunos libros iban dando forma, coherencia y respuestas. Pronto fuiste descubriendo que a tu alrededor había otras mujeres que compartían tus inquietudes y surgió entonces mi primer proyecto francamente feminista. Pocos años antes, en un seminario psicoanalítico mixto, propuse que trajéramos al análisis y a la discusión textos feministas. Mi propuesta no fue apoyada por el grupo pero en 1972, trabajando en La Casa del Lago dependiente de Difusión Cultural de la UNAM, organicé un ciclo de conferencias titulado Imagen y realidad de la mujer, nombre que llevó también el libro que las publicaba y que apareció en 1975 como el primero con el que Sep Setentas contribuía a la celebración del Año Internacional de la Mujer cuya conferencia, organizada por Naciones Unidas, tendría lugar precisamente en nuestra ciudad.

La integración del grupo de conferenciantes habla de dos aspectos que la explican: por un lado, no había todavía muchas mujeres a las  cuales invitar a participar y, por el otro, en esa toma de conciencia que empezaba a abrirse paso en mí necesitaba que algunos hombres, a los que admiraba intelectualmente, vinieran a legitimar el tema, le dieran su aval. Así, además de Rosa Marta Fernández, Alaíde Foppa y María Antonieta Rascón, invité a Juan José Arreola, Carlos Monsiváis, Santiago Ramírez y Tomás Segovia. El libro, que tuvo una tirada de 30 mil ejemplares y poco después fue reimpreso, era una de las primeras contribuciones a esta nueva ola del feminismo en México.

Nuestra curiosidad, afán de saber y necesidad de fortalecer la incipiente conciencia impulsó a varias de nosotras que de una forma u otra estábamos trabajando estos temas en los medios de comunicación, a reunirnos para echar a andar una revista. Ya desde 1967 venía yo colaborando en Radio Universidad con los programas Los libros al día, Panorama editorial y De autores y libros. Hablando de libros, de autores, de literatura, los temas de la mujer y su condición de la opresión que sufría, de sus reivindicaciones, eran recurrentes. Emmanuel Carballo me invitó a colaborar en la página editorial del diario nacional El Sol con el encargo de escribir mis artículos en torno a la mujer: su condición, su causa, etcétera. Por otra parte, siendo coordinadora del Museo Universitario del Chopo, además de montar la obra de teatro feminista Ana y Paula a la que seguía siempre un debate entusiasmado, organicé un concurso de teatro con obras feministas.

Fue por esos años que empezamos a planear la revista fem. cuyo primer número salió en el otoño de 1976. En ella se hermanaron los intereses sociales y políticos. Durante su primera década estuvimos constituidas en una dirección colectiva y podría decir sin empacho que fueron los años de oro de la revista. Revisando simplemente los temas abordados –se trataba en su mayoría de números monográficos– saltan a la vista los derroteros de nuestras inquietudes e intereses: educación de las mujeres, aborto, servicio doméstico, Iglesia, historia de la mujer, participación política de la mujer, antecedentes del feminismo en México, la mujer en América Latina, los pequeños poderes, la mujer en Asia y África, el matrimonio, la mujer y el trabajo, la mujer en el arte, en la ciencia, en la literatura ¡en fin! no se trata de nombrarlos todos; baste una somera revisión para indicar el contenido de algunos números de esa época memorable.

Por aquellos primeros años de la revista fem. se funda el diario Uno más uno del que fui cooperativista y colaboradora asidua con artículos editoriales, reportajes, crónicas, entrevistas, centrados un sin número de veces en temas feministas. El compromiso del diario y de la revista con las luchas centroamericanas era innegable y se fortalecía día a día. Compromiso que habría de continuar cuando un grupo importante de cooperativistas dejamos Uno más uno para fundar el diario La Jornada.

Mi relación con la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) fue decisiva: descubrí esos primeros años de la década de los 80 la importancia que América Latina y el Caribe revisten para nuestro país. Para organizar un congreso interamericano de escritoras visitamos una compañera y yo diez ciudades centro y sudamericanas y caribeñas para encontrarnos fundamentalmente con escritoras y críticas de literatura. Este descubrimiento de los hermanos y hermanas de la región, de nuestras afinidades, luchas e intereses comunes sirvió de base para una de mis tareas en la subdirección de asuntos culturales de la SRE: potenciar las relaciones y el intercambio cultural con esos países organizando, entre otras cosas, jornadas culturales mexicanas en varias de sus ciudades, ampliando el acervo de las bibliotecas en nuestras embajadas, incrementando en fin, nuestra presencia en la región.

Esta vocación encontraría un nuevo cauce en el Programa Interdisciplinario de Estudios de la Mujer en El Colegio de México que fundé en 1983 y muy pronto, entre otras actividades, encontró el camino para acercarnos a una comunidad escasamente conocida por nosotros hasta hacía poco: la de las chicanas. Yo había coordinado dos números de la revista fem. sobre estas hermanas o primas nuestras en los Estados Unidos, intentando desentrañar sus cercanías y sus distancias: su identidad. Se organizó un foro en el PIEM en el que varias de ellas participaron y, posteriormente, celebramos tres coloquios de literatura femenina mexicana y chicana –y también fronteriza- “Culturas en contacto” en El Colegio de la Frontera Norte en Tijuana.

Mirando ya no hacia el norte sino hacia el oriente, quisimos contribuir al conocimiento de las literaturas escritas por mujeres en México y en Cuba. Para ello organizamos sendos coloquios: en esta ciudad en El Colegio de México sobre literatura femenina cubana; en La Habana en Casa de las Américas sobre literatura femenina mexicana.

La constitución de MUSIAL (Mujeres por la soberanía nacional y la unidad latinoamericana) no hizo más que fortalecer la visión política francamente enfocada hacia América latina. Esta asociación tuvo el propósito de nuclear a mujeres destacadas en diferentes campos del saber para reflexionar sobre asuntos de política interna y externa, como lo describía claramente nuestro nombre, y pronunciarnos cuando fuera necesario. Nos concebimos como una asociación apartidista y, justamente, fue la intención de captarnos de un partido político lo que precipitó nuestra disolución.

Años más tarde la invitación de Alonso Aguilar a formar parte de la Asociación por la Unidad de Nuestra América, AUNA, habría de abrir un nuevo cauce a esta vocación antiimperialista y latinoamericana.

Fuente para cotejar texto: http://www.aunamexico.org/publicaciones/libros/lib9/libro9-9.htm 

Tomado de:   http://www.aunamexico.org/      http://www.aunamexico.org/publicaciones/libros/lib9/libro9-indice.htm  (recomiendo su visita la pagina)

Otras fuentes: http://www.jornada.unam.mx/2006/11/15/index.php?section=cultura&article=a04n1cul

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