Guía para ser una buena esposa en “Good Housekeeping”

Encontré este anuncio ilustrado con una mujer sonriente, de porte elegante, con mandil y tacones altos, dándole la bienvenida a su impecable marido, mientras un par de querubines lucen felices y contentos a su lado. Escena típica de un hogar perfecto.

Pues bien, esta guía del prototipo de esposa ideal es una copia reproducida de un artículo de la revista norteamericana “Good Housekeeping” en la década de los 50′s. A continuación algunas hazañas del inolvidable texto; ¨Guía para ser una buena esposa¨ que, muy seguramente, hará  levantar las cejas de las mujeres de hoy en día.

 

  1. Escúchalo… recuerda que sus temas de conversación son mas importantes que los tuyos.
  2. Nunca te quejes si llega tarde a casa o sale sin ti a cenar o a otro lugar de entretenimiento. En cambio, trata de comprender su mundo lleno de estrés y presión, y su deseo de llegar a casa y relajarse.
  3. No te quejes si llega tarde a cenar o si no llega durante toda la noche.
  4. Ten en cuenta que esto es algo que no tiene importancia si lo comparamos con lo que pudo haber pasado ese día.
  5. Haz que se sienta cómodo. Que se recueste en un sillón confortable. Ten su bebida favorita lista.
  6. Acomódale las almohadas y ofrécete a quitarle los zapatos.
  7.  Habla en tono bajito y agradable.
  8. No hagas preguntas acerca de sus actos, su juicio o su integridad.
  9. Recuerda, el es el amo de la casa… no tienes derecho a cuestionarlo.
  10. Una buena esposa siempre sabe su lugar.

En Estados Unidos, se dice que una persona objetó sobre este anuncio, dado que nunca había oído que esta revista ya circulaba en la década señalada.  Asi que decidí hacer algunas investigaciones por mi cuenta.

Para empezar, me encontré que hay confusión sobre la fecha que se publico; entre Mayo 13 o 15, pero eso es lo de menos. Lo que me llama la atención es que coincide con la fecha del “Mothers Day”  que en 1914 el congreso de los EUA ya lo había declarado oficialmente para celebrar el 2º. Domingo de Mayo. Todo indica que el autor de esta obra ilustrada pertenece a la portada original de una revista llamada “John Bull”  de 1957. Aquí el enlace para ver la galería de portadas: http://www.advertisingarchives.co.uk/gallery_johnbull.php 

Encontrar el origen del artículo fue mucho más difícil. En Snopes.com http://www.Snopes.com/Language/Document/goodwife.asp tal parece que se intento despejar la duda, pero no lo consiguió. Solo identificó el origen del arte que es el mismo que me llevo a “Jonh Bull”. Ellos fundamentan que el contenido del texto  fue sustraído de un libro de economía doméstica de 1950. Sin embargo, estudiantes de esa generación no recuerdan haber leído la guía, antes ni después de 1957,  ¡ni siquiera algo semejante!.

Como todos sabemos, la segunda guerra mundial trajo consigo un periodo de recesión en los Estados Unidos. Una inmensa mayoría de hombres que, obligados por las circunstancias, abandonaron sus centros de trabajo y sus hogares para engrosar las filas de infantería militar. Las mujeres por su parte, en medio de la tristeza y frustración de ver partir a sus hombres hacia un destino poco alentador, también se vieron obligadas a ocupar esas vacantes debido a la recesión económica que les apretaba la cartera. Fue, a partir de entonces, que probaron las mieles de independencia,  libertad y con ello, la satisfacción de valerse por si mismas para mantener a sus críos. A medida que fueron pasando los años, llego la modernidad que luego se fue acentuando con la plancha, la aspiradora, la lavadora de ropa, en fin, una serie de aparatos que les hicieron la vida menos complicada para cumplir con esmero su papel de buenas esposas, incluso, hasta para las que no lo eran.

Luego surgió otra historia de que el famoso Show “I Love Lucy” de Lucille Ball y Desy Arnaz. Una pareja exitosa que grabo series con risas grabadas para una cadena de televisión norteamericana (me encantaba verla). Aparentemente esta singular pareja adapto el  guion en algunas de sus series, después de su debut en el año de 1951. Y como dato curioso  mencionaron en los créditos que la idea original había sido sacada, efectivamente, de una edición de la revista “Housekeeping” mensual pero del año 1931.

“LA REVOLUCIÓN DE LAS “CHICAS BONITAS”…
La expresión “pin-up” se fijó en los EEUU en las décadas de los ’40 y ’50. Con este nombre se conocen los dibujos (o fotografías) de chicas bonitas en actitudes sugerentes. Su éxito fue tan rotundo que con el tiempo han llegado a influir en muchos terrenos. Sólo hay que fijarse en el cine, la televisión, la publicidad, los cómics…
Las pin-ups siguen un patrón: son mujeres bonitas, sensuales, normalmente pilladas en situaciones “comprometidas” y que destilan erotismo e ingenuidad por todos sus poros. No hace falta que estén desnudas (de hecho casi nunca lo están). Su encanto reside en sus poses y sus miradas, en esa falda que enseña lo justo, o en esa lencería que sugiere más delicadeza que el hecho de enseñar por enseñar. Recatadas al principio, descocadas al final, las pin-ups revolucionaron el concepto de belleza y dieron cuerpo a un nuevo icono de la feminidad: la “cheesecake” o “girl-next-door”.
Desde las revistas y los calendarios (forma de publicidad muy extendida en la época) llegaron a todos los rincones del país. Con el apogeo de la fotografía las ilustraciones perdieron peso y algunas modelos se especializaron en el striptease o el cine. Su popularidad fue tal que hasta el gobierno americano llegó a regalar pin-ups a los soldados para que las colgaran en sus taquillas y les subieran la moral durante la 2ª Guerra Mundial

Algunos afirman que la campaña, llamemosle “Good Housekeeping”,( la buena sirvienta, famuya, chacha)  fue lanzada por promotores de la “liga de la decencia” para conscientizar a las mujeres y hacerlas regresar a su sitio; “Home Sweet Home” después de la segunda guerra mundial. Otros, por el contrario, para promover el estudio universitario entre las mujeres de todas las clases sociales a excepción de la raza afroamericana. Como haya sido, el mensaje es bastante elocuente y hasta suena familiar.

Mientras buscaba esta información, no pude mas que reconocer cómo la interacción entre esposa y marido ha cambiado con los años. Muchos hombres que conozco son inflexibles y el motivo de divorcio es cada vez mas alto por infinidad de razones y conflictos que surgen sobre los roles entre las parejas. Por otra parte, hay mujeres que son bastante tradicionalista y en algunos sentidos desapruebo este enfoque. Solo vasta dar un vistazo al baúl de los recuerdos de la abuela y bisabuela, al diario de la mama, a  los consejos de las tías, y las razones que -todas ellas- tenían para encontrar un buen marido, lo malo es que no tenían muchas oportunidades “el que te toco..te toco..¡ahora se aguanta!”  y se escudaban en la típica frase “Al rato se compone”. Cualquiera que este fuera destacaba la dependencia y es que, a decir verdad, no tenían muchas opciones, tampoco vida propia, mucho menos libertad. Conservar las tradiciones de una comunidad o de un país significa practicar las costumbres, hábitos, formas de ser y modos de comportamiento de las personas, en especial, de las mujeres que vivían a “moco tendido” la mayor parte. Para algunas, el sufrimiento, ya era habitual, ya estaba adherido, el problema es que lo trasmitían con insensatez. Intentar cambiarlas con razonamiento era ir en contra de la corriente. Para otras no…¡¡¡Bendito sea Dios!!! 

Los seres humanos hemos desarrollado esta cultura desde que nacimos. Nuestras formas de pensar, de sentir y de actuar, la lengua que hablamos, nuestras creencias, la comida, son algunas expresiones que reproducimos, sin contar con el sustancioso chisme que alimenta a la mas devota o el mas mojigato. Por ejemplo, todo lo que conozco de estas mujeres tradicionalistas me hace negar con mi cabeza y rara vez asentir. ¡Esto me hace asentir!… “aunque cada día la mujer deja el hogar para convertirse en un elemento clave de la economía del país, muchos mexicanos opinan que la mujer es “para la casa”, ya que existe el miedo ancestral de que ella deje su sumisión y demuestre que puede hacer muchas de las tareas que son consideradas masculinas, enfrentando al varón con algo que ha rehuido hace siglos: encontrar su identidad mexicana.” –Juan Antonio Guerrero Cañongo, Psicólogo- (“tres razones por las que la mujer es considerada inferior por el hombre mexicano” articulo que encontraras en mi pagina de ENLACES)

En México, ser mujer en tiempos de la conquista, la independencia y la revolución era toda una hazaña, en cualquier estrato social. La verdad, no fue la llegada de los españoles, fue la llegada de la menstruación. Hasta “la regla” le pusieron por nombre porque les anunciaba que estaban listas para desposarse con aquel joven, cuya familia, ya les había puesto el ojo encima. recordé la novela de Laura Esquivel en su libro “Como Agua para Chocolate” que mas bien debió llamarse “Aquí te traigo tus Chilaquiles viejo”. Por si fuera poco, desde la más “jodida” hasta la más “finolis”, tenía que lidiar con su propia dignidad y pasar del dicho al hecho con mayor facilidad debido al rechazo de una sociedad…¿enfermiza?, si! esa es la palabra.

Por ejemplo, entre la aristocracia, la buena o mala reputación acababa marcando la honra hasta de la familia (y todavía ¿eh?). Las mujeres de clase media no distinguían la diferencia entre sufrir con un marido parrandero y golpeador que acabar como bailarina de carpa o en un burdel. Y para las mas desfavorecidas no había gran cambio, igual se iban de guerreras, caudillas o soldaderas mientras amamantan chamacos y le atizaban duro al fogón. Creo que estas ultimas, por luchonas, aguerridas y cabronas, eran las mas fuertes y dominantes o, por lo menos, tenían mejor puntería.

En cualquier país, esa época fue tan memorable como crucial para iniciar un camino hacia la equidad, aunque a paso muuuy lento. Para conocernos mejor como personas y como genero humano, es importante reflexionar acerca de nuestras costumbres y tradiciones familiares, traduzcan en este sentido; actitud, pensar, actuar, dialogar, acordar y concretar ideas  acerca de qué podemos rescatar del legado de las generaciones pasadas y que no. También es necesario discutir con qué criterios aceptamos o rechazamos esa  cultura. Podemos aprovechar nuestra herencia cultural si consideramos que son lazos que estrechan las relaciones familiares y facilitan proyectar un futuro en común -hombres y mujeres-  hacia una identidad propia, individual. 

La generación de los “Baby Boomers” (1946- 1964) trajo consigo el nacimiento de muchas ideas que revolucionaron. Entre los grupos humanos siempre hay personas que apoyan los cambios y otras que se resisten a ellos; esto ha sido causa de disgustos y desacuerdos, disturbios y manifestaciones. Quienes se oponen a dejar atrás su cultura, consideran que las costumbres y tradiciones no son prácticas sin sentido, sino respuestas y soluciones que les han ayudado a enfrentar el mundo y la vida. Ante la incertidumbre de lo nuevo, lo conocido representa y ofrece seguridad, para otros un estancamiento, cero gravedad. Y no conformes, se revelo el segundo periodo (1965-1972) de esta misma generación. Aun así, se debatía una lucha interna; continuar con esa prioridad que se le daba al hombre de la casa aunque hubiese pisado la luna. Luego se desato la guerra de Vietnam,  la experimentación social y la libertad sexual, la píldora anticonceptiva, el movimiento por los derechos de las mujeres, las protestas y disturbios, la experimentación de diversas drogas y sustancias tóxicas. Se marco el individualismo y broto el espíritu libre, el signo de amor y paz, la lucha contra del racismo, a promover los derechos humanos, en fin, una época orientada a causas de mayores libertades, entre ellas, el divorcio que dejo de ser cosa rara. 

Las costumbres y tradiciones pierden fuerza cuando la gente cambia sus creencias, su modo de entender el mundo y el sentido de su vida; entonces se procuran nuevas creencias y prácticas, que formarán con el tiempo otras costumbres y tradiciones como las que estamos viendo ahora. El panorama estaba listo desde entonces solo que el complejo de la “mama” no nos abandona del todo. Un complejo y tiene diferentes niveles y que nos hace olvidar que “nadie somos indispensables”… Como dicen ahora; ¡ponganse las pilas chavas! lean con atención lo que sigue.

Las mujeres que dicen ser indispensables, en especial para el hombre, es algo que buscan con obsesión. Les gusta. Es mas, disfrutan, se desviven, cuidan, rescatan, salvan o curan a su pareja. Ellas son capaces de dejar a un lado sus propias creencias, decisiones y valores. A tal grado que sus planes y sueños dependerán de lo que el quiera. Viven y se nutren a través de su vida y hasta se olvidan de lo que quieren, incluso hasta quienes son. No tienen iniciativa propia y los deseos de su pareja dictan como vestirse, como actuar, quien y como deben ser, hasta las amistades que habrá de tener. Sus palabras se vuelven: “Lo que tu digas”. Ella misma le da ese poder. Ella misma le permite el maltrato físico y psicológico. A esto se le llama “Codependencia”. Una enfermedad del alma. Su síntoma es doloroso y progresivo que llega a convertirse en una adicción. Generalmente se esconde a un “no puedo vivir sin ti”. Su causa; una forma equivocada de amar. Se adquiere por contagio, por supervivencia o por imitación.

Este tipo de “ayuda”, lejos de salvar a la persona, lesiona y perjudica a ambas partes ¿Por qué? Porque el resolver los problemas del otro y aliviar su dolor, estas mujeres buscan elevar su autoestima. Porque de manera inconsciente y obsesiva tratan de controlar todo lo que su pareja hace. ¿Porque? –Y esto es difícil de reconocer-, en el fondo, obtienen ganancias secundarias. Aprendieron a querer para que las quieran. Aprendieron a hacer cosas, a veces denigrantes, para que las aceptaran. Aprendieron al pie de la letra un manual que regiría su vida, un manual que a muchas les impidió descubrir que la buena, novia, esposa o compañera sabe perfectamente cual es su lugar sin la necesidad de un manual, a eso unos le llama; Dignidad. Otras; Orgullo de Ser una Gran Mujer. Yo digo que ambas. En fin, creo que me desvié del tema, aunque no veo porque no podamos aplicar el consejo, finalmente es parte de lo mismo, o mejor dicho, consecuencia de lo mismo y cada quien toma lo que le parece bueno (pero tómenlo).

 Hasta la próxima

5 Respuestas a “Guía para ser una buena esposa en “Good Housekeeping”

  1. si la mentalidad de los hombres debe cambiar porque nosotras tambien tenemos muchas cosas que hacer incluso mas que ellos, y también nos cansamos y debemos ser escuchadas y ser bien recibidas, con una alegre sonrisa, no con una mala cara.

  2. Si es cierto que la esposa debe esperar a su esposo pero la mujer de hoy trabaja, tambien merece ser bien recibida como el esposo, tambien es bueno señalar que es ser un buen esposo…

    • Si, Ojala que algun caballero que nos lea, se digne, desde su optica masculina, dejarnos algo en relacion.
      Mil gracias Carla, por tu tiempo y por dejar tu huella por aqui.

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