Ritual de Bienvenida al Año Nuevo

“Y ahora damos la bienvenida al Nuevo Año (nuevo ciclo), repleto de cosas que nunca han sido”.

Significativas palabras de invocación del poeta alemán Rainer Maria Rilke, en la que nos anima a recibir las generosas bendiciones al Año Nuevo. Sin embargo, hay veces que la inspiración parece estar de vacaciones y surge el ¿y ahora que escribo? A dondequiera que leo encuentro los mismos deseos; las mismas palabras amistosas, ¡qué puedo escribir que no haya sido deseado ya!

Sin proponermelo, encontré la respuesta del propio Rainer hacia otro poeta que buscaba la aprobación sobre sus propios textos, Franz Xaver Kappus. He aquí compilación del fragmento:

“… Pues bien -ya que me permite darle consejo- he de rogarle que renuncie a todo eso. Está usted mirando hacia fuera, y precisamente esto es lo que ahora no debería hacer. Nadie le puede aconsejar ni ayudar. Nadie… No hay más que un solo remedio: adéntrese en sí mismo. Escudriñe hasta descubrir el móvil que le impele a escribir. Averigüe si ese móvil extiende sus raíces en lo más hondo de su alma […] Pregúntese en la hora más callada de su noche: “¿Debo yo escribir?” Vaya cavando y ahondando, en busca de una respuesta profunda. Y si es afirmativa, si usted puede ir al encuentro de tan seria pregunta con un “Si debo” […] entonces líbrese de los motivos de índole general. Recurra a los que cada día le ofrece su propia vida. Describa sus tristezas y sus anhelos, sus pensamientos fugaces y su fe en algo bello; y dígalo todo con íntima, callada y humilde sinceridad. Valiéndose, para expresarse, de las cosas que lo rodean. De las imágenes que pueblan sus sueños. Y de todo cuanto vive en el recuerdo. Si su diario vivir le parece pobre, no lo culpe a él. Acúsese a sí mismo de no ser bastante poeta para lograr descubrir y atraerse sus riquezas. Pues, para un espíritu creador, no hay pobreza. […]” Rainer Maria Rilke en “Cartas a un Joven Poeta” (Febrero de 1903).

Sus palabras me incitan a mirar -como dice- en ese “interior”, en sus profundidades, no solo con la expectativa de encontrar palabras nuevas, conmovedoras y hermosas, sino aquellas que evocan una nostalgia personal. Esas que nacen en la oscuridad de la noche y que expresan la simplicidad que no advertimos en la luz del día.  

Ahora bien, ¿Qué escribir como mensaje de año nuevo? En resumen, es buena época para renovar nuestros votos de Fe, de Amor y de Amistad. Empecemos con un ritual de veneración y re-conexión como una “pizarra en blanco” que consiste en una velada simple y serena dedicada a soñar en las semanas y meses por venir, y en cómo nos gustaría saborearlos, deleitarnos en ellos… ¡Valorarlos! después de todo, un dulce ritual es sentirse a gusto con el futuro. 

 Esta podría ser una buena sugerencia;

Acurrúcate en tu sillón favorito, escucha música relajante, bebe algo festivo, calientito y espumoso o abre una botella burbujeante y enciende despacio doce velas, una para cada mes… 

Mientras enciende la primera, pregúntale al mes de Enero si quedan viejos deseos que hacer realidad a fin de poder seguir adelante. Pregúntale a Febrero que ritual cotidiano nuevo puedes empezar a incorporar a tu rutina diaria que conlleve cuidar tu santuario. Cuéntale a Marzo qué nuevo sueño esta madurando en tu imaginación. Pídele a Abril que te seduzca con el aroma de las flores y a Mayo que te regale la sonrisa de un niño… y así sucesivamente hasta finalizar tu pliego de peticiones. Cuando formules tu pregunta a cada mes, sea cual sea la respuesta que surja, práctica o extravagante, actúa a partir de esa sugerencia y fíjate en como te sientes después. De ser posible, lleva el registro de tu experimento en un diario que al final del ciclo, muy seguramente quemaras como parte del ritual. Claro, es opcional pero igual funciona como buena terapia. Imagina que nunca has recibido hasta ahora el regalo de un año nuevo.   

“Fortuna, ha llegado con los brazos cargados de regalos para ti. Abro la puerta, entra un visitante venido de lejos. Lleva los regalos en la mano, el regalo de las horas y los momentos, el regalo de las mañanas y las noches, el regalo de la primavera y el verano, el regalo del otoño y del invierno. Tiene que haber revuelto los cielos para encontrar unas dádivas tan excepcionales”.  -Abbie Graham-

Ese pensamiento hace comprender que son esplendidos regalos que han pasado por alto porque estaban escondidos bajo los envoltorios del papel monótono de la vida. Antes estaba obsesionada por la perfección de mis días en vez de fijarme en sus opulentas posibilidades. Empezaba el año con una lista de buenos propósitos tan exigente y atemorizante que estaba condenada a fracasar desde el principio . Quería abarcar demasiadas cosas a la vez y anhelaba una transformación instantánea, me dedicaba, inconscientemente a sabotearme. Y lo que es peor, descubrí que mis buenos propósitos no estaban dirigidos tanto a mejorar mi calidad de vida como a alzarme por encima de la banalidad de mi existencia cotidiana.

Me pregunto; ¿Cuantas veces he rezado por una vida “menos común” que la que tengo? Poco, mejor dicho, casi nada. Hoy dejare de rezar por otra cosa que no sea lo que tengo.  Me motiva este pensamiento;

“Utiliza los ojos como si mañana tuvieras que quedarte ciego. Escucha la música de las voces, el canto del pájaro, las poderosas notas de una orquesta, como si mañana tuvieras que quedarte sordo. Toca cada objeto como si el sentido del tacto fuera a fallarte mañana. Huele el aroma de las flores, saborea cada bocado, como si mañana no pudieras oler ni saborear otra vez. Aprovecha al máximo cada sentido, disfruta de todas las facetas del placer y de la belleza que el mundo te revela”. -Helen Keller-

 “Me aceptaré a mi misma y me mostraré tal cual soy. Me cuidare de la excesiva autocritica. Aceptaré la tristeza, la ira o el pesimismo, porque se que puedo transformarlos en algo positivo. Confiaré en mis sueños y proyectos, y seré perseverante, sin embargo, escucharé cuando la razón me diga que debo cambiarlos. Me tomaré tiempo para estar sola y escucharme. Aprenderé a pedir lo que necesito, sin exigirlo. Marcare límites sanos, diciendo “no” cuando así lo sienta y “si” cuando lo desee. Cuidare de mi cuerpo empezando por dentro. Renunciare a querer tener la razón todo el tiempo. Asi encontrare Paz. Me valoraré sin compararme con los demás. Esperare siempre lo mejor de mí”.  Excelente invocación ¿no?

 Diarios, listas y agendas por estrenar; 365 días nuevos pulcramente ordenados en semanas, meses y estaciones. ¿Y que nos trae un Año Nuevo? Pues bien, empezaré el nuevo año dando las gracias por la vida “común” y me embarcaré con un sentimiento de aventura buscando el esplendor en el simple regalo de lo cotidiano. Romperé las listas de propósitos ¡no las necesitaré más! Cuanto poseo es cuanto preciso, la vida.

Reflexionemos con la llegada del año nuevo para que éste se convierta en un derroche de sueños, alegrías y realizaciones. Que no pensemos en el ayer y, si hemos de hacerlo, que sea para rescatar lo bueno de entre lo malo. Simplemente evaluemos el presente, muchas cosas podemos mejorar (erradicar, aceptar, etcétera). Podemos visualizar un futuro prometedor que, aunque incierto, representa sinónimo de anhelo. No obstante, cualquier época del año es propicia para depurar y purificar la mente, el cuerpo, el espíritu y así disfrutar el regalo de vivir.

Finalmente, es la esperanza la que hace resplandecer cada ciclo que estrenamos y nos ofrece la posibilidad de reinventarnos y renovarnos con el ritual que nos permite creer que con pasión, entusiasmo y entrega todo puede ser mejor conforme avanzamos.

 Mi gratitud y mejores deseos para el próximo año a todos los lectores y lectoras de “Enaguas, Molcajetes y Armas” y el Club de Lilith donde colaboro periódicamente.

Un abrazo cálido

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