¿Estamos Criando Vagos?…

En México, nos quedamos sorprendidos cada vez que leemos encabezados en los periódicos que dicen; “El sicario no superaba los 18 años de edad”… O vemos escenas por tv de cuerpos ejecutados que correspondían a adolescentes de entre 14 a 20 años de edad… O escuchamos en la radio la noticia de una jovencita de 16 años que fue raptada al salir de un antro… y así.

Frente a lo anterior, el psiquiatra dominicano César Mella, hizo publicar el siguiente trabajo, que creo que a todos los que somos padres, abuelos o seremos algún día, nos debe interesar el texto que dice lo siguiente:

 Hay que llamarlos varias veces en la mañana para llevarlos a la escuela. Se levantan irritados pues se acuestan muy tarde hablando por teléfono o conectados a la Internet.

No se ocupan de que su ropa esté limpia y mucho menos pone un dedo en nada que tenga que ver con ‘arreglar algo en el hogar’.

 Idolatran a sus amigos y viven poniéndoles ‘defectos’ a sus padres a los cuales acusan a diario de que ‘están pasaos’.

No hay quien les hable de ideologías, de moral y de buenas costumbres, pues consideran que ya lo saben todo.

Hay que darles su ‘semanal’ o mesada de la que se quejan a diario porque ‘eso no me alcanza’.

Si son universitarios siempre inventan unos paseos de fin de semana que lo menos que uno sospecha es que regresarán con un embarazo o habiendo fumado un pito de marihuana.

Definitivamente estamos rendidos y la tasa de retorno se aleja cada vez más, pues aún el día en que consiguen un trabajo hay que seguir manteniéndoles.

Me refiero a un segmento cada vez mayor de los chicos de capas medias urbanas que bien pudieran estar entre los 14 y los 24 años y que para aquellos padres que tienen de dos a cuatro hijos constituyen un verdadero dolor de cabeza.

¿En que estamos fallando?

Para los nacidos en los cuarenta y cincuenta el orgullo reiterado es que se levantaban de madrugada a ordeñar las vacas con el abuelo; que tenían que limpiar la casa; que lustraban sus zapatos; algunos fueron limpiabotas y repartidores de diarios; otros llevábamos al taller de costura la ropa que elaboraba nuestra madre o teníamos un pequeño salario en la Iglesia en donde ayudábamos a oficiar la Misa cada madrugada.

Lo que le pasó a nuestra generación es que elaboramos un discurso que no dio resultado:

 ‘¡Yo no quiero que mi hijo pase los trabajos que yo pasé!’.

Nunca conocieron la escasez, se criaron desperdiciando, a los 10 años ya habían ido a Disney World dos veces cuando nosotros a los 20 no sabíamos lo que era tener un pasaporte.

El ‘dame’ y el ‘cómprame’ siempre fue generosamente complacido y ellos se convirtieron en habitantes de una pensión con todo incluido que luego queríamos que fuera un hogar.

Al final se marchan al exterior a la conquista de una pareja y vuelven al hogar divorciados o porque la cosa ‘se les aprieta’ en su nueva vida.

Los que tienen hijos pequeños pónganlos los domingos a lavar los carros y a limpiar sus zapatos.

Un pago simbólico por eso puede generar una relación en sus mentes entre trabajo y bienestar.

Las hembritas deben desde temprano aprender a lavar, planchar, cocinar para que entiendan la economía doméstica en tiempos que podrían ser más difíciles.

La música de “metállica”, los conciertos, la tele, la moda y toda la electrónica de la comunicación han creado un marco de referencia muy diferente al que nos tocó.

Estamos compelidos a revisar por los resultados si fuimos muy permisivos o si sencillamente hemos trabajado tanto que el cuidado de nuestros hijos queda en manos de las domésticas y en un medio ambiente cada vez más deformante.

Ojala que este mensaje llegue a los que tienen ‘muchachos chiquitos’ y a los que todavía no pero tienen sobrinos o primitos o hermanitos pues ya los abuelos pagaron la transición…

 Dr. Cesar Mella

Psiquiatra 

Pie de nota;

Llegó el texto a mi correo electrónico con algunos cambios. Lo busque por internet y el que aquí comparto supongo es el original. Mi opinión en cualquiera caso es extraordinaria y ejemplar, excepto por el pequeño párrafo que esta subrayado.

Independientemente de una postura feminista o machista, en lo personal, me parece que debió incluir a los varones para que también entiendan como funciona la economía domestica en tiempos difíciles. Que aprendan desde pequeños, pues no siempre tendrá quien lo haga y eso, a la vez, lo ayudara a ser independiente de cualquier persona -femenino y masculino-. Y por último, para que valore el tiempo y el esfuerzo cuando los quehaceres se comparten en equipo o en pareja. Si queremos cambiar hábitos, costumbres o conductas generacionales, ser justos y equitativos es otra de ellas.

http://www.revistavitard.com/colaboradores.html

http://www.fedessp.org/documentos/Estamos%20criando%20vagos.pdf

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