Misoginia 101: Por culpa de Eva o de Lilith? (Parte I y II)

Las tres religiones; judía, cristiana y el islam están de acuerdo en un hecho: Tanto los hombres como las mujeres han sido creados por Dios –Jehová, Yahvéh, Alá.- el Creador de todo el Universo. Sin embargo, la discrepancia comienza poco después de la creación del primer hombre, Adán, y de la primera mujer, Eva… ¿o Lilith?

La concepción judeocristiana de la creación de Adán y Eva está narrada con detalle en el Libro del Génesis. La concepción de que mujer y varón son semejantes se remonta a muchos siglos antes del nacimiento del feminismo. Leyendo la Biblia me entero que hay escritas dos versiones acerca de la creación del hombre. En el capítulo uno del Génesis, dice:

“Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios los creó; varón y hembra los creó”. Por lo tanto, la mujer y el varón fueron creados al unísono.

Una segunda versión aparece relatada en el capítulo dos. Aquí se dice que luego de crear Dios a Adán y convencido de que no era bueno que el varón estuviese sólo, creó a los animalitos y luego, haciendo caer a Adán en un sueño profundo…

“de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre”. Esta fue Eva, la de la famosa manzana.

Según los cabalistas que intentaron darle algunas interpretaciones para explicar la contradicción entre las dos versiones del Génesis. Una sugiere que Adán fue creado inicialmente como un andrógino que poseía un cuerpo femenino y uno masculino unidos por la espalda. Luego, Dios lo dividió.

La otra interpretación aparece en el Alfabeto de Ben Sirá, midrash del siglo X. Basándose en dicho texto, el mitólogo Robert Graves relata que la primera mujer de Adán no fue Eva sino Lilith, ¿le suena conocida?

“Dios creó a Lilith, la primera mujer, como había creado a Adán, salvo que utilizó inmundicia y sedimento en lugar de polvo puro”.

Lilith es el nombre que da a la mujer el Talmud, el libro de los judíos del que proviene. Quizá por ello, una sola vez es mencionada “Lilith” en la Biblia de Jerusalén y es en “Job”. Sin duda, había que censurar su nombre del texto sagrado, ya que ella, con su cuestionamiento, invitaba a la rebelión y no llenó el perfil asi que optaron por hacerle su mundo muy aparte. Sin embargo, también Eva cuestionó la prohibición cuando Adán la delató. Finalmente el hijo varón y la hija mujer desafían la pretensión omnisciente del padre y ambos fueron expulsados del Paraíso.

El mitólogo Graves dice que cuando Eva es creada de la costilla de Adán, “se afirma otra vez la supremacía masculina, quedando oculta la divinidad de la mujer”.

Las dos versiones contradictorias, acerca de con qué material fue creada Lilith, indican concepciones referentes a la mujer aún vigentes hoy. Si fue hecha de polvo, es un semejante; en cambio, si los materiales que se utilizaron fueron “inmundicia y sedimento”, la mujer es inferior al hombre.

Desde este punto de vista, la controversia entre Lilith y Adán acerca de la posición que cada uno ocupará en la relación sexual, describe, simbólicamente, un conflicto en relación al poder y, dado que es considerada inferior, Lilith asume su propia defensa. En relación a esto, resulta muy pertinente esta reflexión de Robert Graves:

“Es característico de las civilizaciones en las que se trata a las mujeres como bienes muebles que deban adoptar la postura recostada durante el coito, a lo que se negó Lilith”.

La concepción islámica de la primera creación, según los estudiosos, se encuentra en numerosos lugares del Corán. Por ejemplo:

“¡Oh Adán! ¡Habita con tu esposa en el Jardín y comed de lo que queráis, pero no os acerquéis a este árbol! Si no, seréis de los impíos. Pero Shaytán les insinuó el mal, mostrándoles su escondida desnudez, y dijo: Vuestro Señor no os ha prohibido acercaros a ese árbol sino por temor de que os convirtiérais en ángeles u os hiciérais inmortales. Y les juró: ¡De verdad que os aconsejo bien! Les hizo, pues, caer dolorosamente. Y cuando hubieron gustado ambos del árbol, se les reveló su desnudez y comenzaron a cubrirse con hojas del Jardín. Su Señor les llamó: ¿No os había prohibido ese árbol y dicho que Shaytán era para vosotros un enemigo declarado? Dijeron: ¡Señor! Hemos sido injustos con nosotros mismos. Si no nos perdonas y Te apiadas de nosotros, seremos, ciertamente, de los que pierden.” (Corán, 7-19,23)

Sin embargo, Alá. (Allah) tuvo misericordia de Adán y Eva y les dio a escoger, y toda la humanidad heredo esta opción de ellos:

“Luego Adán, recibió palabras inspiradas por su Señor, que se volvió a él; es verdad que El es el que se vuelve a favor de Sus siervos, el Compasivo. Dijimos: Descended todos de aquí; y si os llega de Mí una guía, los que la sigan no tendrán nada que temer ni se entristecerán.” (Coran 2:37-38)

Volviendo a la religión cristiana, una mujer actuando por su cuenta causó la caída de la humanidad. ¿Qué ocurrió con sus hijas? Ellas son tan pecadoras como Eva y tienen que ser tratadas como tal.

A continuación, léase el tono severo de San Pablo en el Nuevo Testamento:

 “La mujer debe aprender a estar en calma y en plena sumisión. Yo no permito a una mujer enseñar o tener autoridad sobre un hombre; debe estar en silencio. Adán fue creado primero, luego Eva. Y Adán no fue el engañado; fue la mujer quien fue engañada y se volvió pecadora”. (I Timoteo 2:11-14).

San Tertuliano es aún más grosero que San Pablo cuando, hablando a sus hermanas más queridas en la fe, dijo:

 “¿No sabéis que cada una de vosotras es una Eva? La sentencia de Dios sobre vuestro sexo sigue vigente: la culpa debe existir también necesariamente. Vosotras sois la puerta del Diablo: sois las transgresoras del árbol prohibido: sois las primeras transgresoras de la ley divina: vosotras sois las que persuadísteis al hombre de que el diablo no era lo bastante valiente para atacarle. Vosotras destruísteis fácilmente la imagen que de Dios tenía el hombre. Incluso, por causa de vuestra deserción, habría de morir el Hijo de Dios.”

San Agustín, fiel al legado de sus predecesores, escribió a un amigo:

 “Lo que la diferencia, ya sea esposa o madre, es que es aún Eva la tentadora, de la que nosotros debemos protegernos en cualquier mujer…… Yo no veo la utilidad que puede tener la mujer para el hombre, con excepción de la función de parir a los hijos.”

 Siglos después, Santo Tomás de Aquino todavía consideraba a las mujeres como seres defectuosos:

 “Respecto a la naturaleza individual, la mujer es incompleta y mal dispuesta; la fuerza activa contenida en la semilla masculina tiende a la producción de una semejanza perfecta en el sexo masculino; mientras la producción de la mujer proviene de un defecto en la fuerza activa o de alguna indisposición material, o incluso de una cierta influencia externa.”

 Finalmente, el famoso reformador Martin Lutero no podía ver beneficio alguno en la mujer salvo en el hecho de traer al mundo tantos niños como le sea posible, sin tener en cuenta cualquier otro aspecto:

“Si se cansan o incluso se mueren, eso no tiene importancia. Dejémoslas morir en el parto, que es para lo que ellas están allí”.

 Debo confesar que (me quedó el ojo cuadrado), gracias a testimonios como éstos, los Santos de la iglesia, dejaron de ser –valga la redundancia- santos de mi devoción. Es mas, se me esfumó el alma sólo de recordar que la existencia del alma de la mujer fue objeto de una negación encarnizada por los cristianos, que dió lugar a una votación en el Concilio de Trento (1545) donde, después de 18 añitos de tempestuosa asamblea doctrinal y pastoral se aprobó –entre otras- que la mujer tuviera alma tan sólo por un voto de diferencia. Como dicen los argentinos ¡Cheee boludos!… ésta debió ser la mano de Dios.

De cualquier modo, la tradición sagrada occidental nos ha excluido de la perfección espiritual, expresada en el sacerdocio, tolerándola como “remedio de la concupiscencia”, esto significa atracción natural hacia los bienes sensibles y placeres sexuales.

Lo cierto es que ya no nos sorprende que las mujeres hemos sido denigradas, una y otra vez a causa de la imagen de la “Eva tentadora”, gracias al relato del Génesis.

La concepción judeocristiana de la mujer ha sido contaminada por la creencia en la naturaleza pecadora tanto de Eva como de Lilith y, por ende, juzgar a toda la descendencia femenina como maldición. Heme aquí, intentando comprender un comportamiento misógino tradicional donde la esencia femenina ha tenido una naturaleza contraria e incompatible con la Esencia Divina, a la que se asigna la figura, dominio y rol masculino.

Buscando respuestas en el judaísmo, me introduje a un sitio en la red que más bien parecía una sinagoga. En medio de mi ignorancia, me sorprendió saber que los judíos ortodoxos recitan en sus plegarias: “Alabado sea Dios que no me ha creado GENTIL. Alabado sea Dios que no me ha creado MUJER. Alabado sea Dios que no me ha hecho IGNORANTE.”…(¡¿?!) casi por arte de magia, capté el mensaje y seguí leyendo que los rabinos judíos declararon “obligatorio para los hombres producir descendencia, con el fin de propagar la raza. Pero al mismo tiempo, no ocultaron su clara preferencia por los hijos varones:

 “Es un bien para aquéllos cuyos hijos sean varones pero un mal para aquéllos cuyos hijos sean hembras”… “Durante el nacimiento de un muchacho, todos están contentos… en el nacimiento de una muchacha, todos están afligidos” y “Cuando un muchacho entra en el mundo, la paz entra en el mundo… Cuando una muchacha llega […] Ejercite su imaginación. Yo, la verdad, no entendí mucho pero tienen su encanto.

Continuo mi recorrido internauta y preste atención a lo que el Corán nos dice sobre la inclusión de las mujeres, entenderemos que la concepción islámica es bastante diferente de la Judeocristiana. Veamos…

 “Para los musulmanes y las musulmanas, para los creyentes y las creyentes, para los devotos y las devotas, para los hombres veraces y las mujeres veraces, para los pacientes y las pacientes, para los que se humillan y las que se humillan, para los que practican la caridad, para los hombres y mujeres que ayunan, para los hombres y mujeres que guardan su castidad, y para los hombres y mujeres que se comprometen mucho en la alabanza a Allah, para todos ellos Allah tiene preparado el perdón y una gran recompensa.” (Corán 33:35).

 Si no quedo muy convencido/a, aquí otras extensiones;

“Y su Señor escuchó su plegaria: No permitiré que se pierda obra de ninguno de vosotros, ya sea varón o hembra, pues habéis salido los unos de los otros.” (Corán 3:195).

A simple vista y con dos “hadith” -dichos que la tradición atribuye al profeta-, está claro que la visión coránica de la mujer no es diferente del hombre; Ambos son criaturas de Dios cuya meta sublime en la tierra es rendirle culto, realizar actos virtuosos evitando a toda costa el mal o serán juzgados de acuerdo a lo siguiente:

“Quien obre mal no será retribuido sino con una pena similar. En cambio, los creyentes, varones o hembras, que obren bien, entrarán en el jardín y serán proveídos en él sin medida.” (Corán 40:40).

Saltando algunos párrafos, se podría decir que el Corán tiene rango de Constitución Islámica, puesto que contiene no sólo normas con efecto espiritual o religioso, sino también todo el conjunto de normas sociales y políticas que configuran un modelo de Estado.

Si le preguntamos a cualquier persona acerca de la religión islámica, seguro nos encontraremos frente a un gran abanico de ideas y opiniones al respecto. Sin embargo, también estoy segura de que muchas de esas opiniones (o prejuicios) rondarán, unos por el Islam ortodoxo, otros por su política fundamentalista y otras tantas por lo restrictivos, especialmente con las mujeres que es el tema que nos ocupa. Ese es, si no el único, uno de los mayores conflictos donde surgen las diferencias de estas opiniones.

Nada, como creyente de mi religión (católica), limita mi libertad espiritual para decir que las mujeres musulmanas tienen en el Corán un código supremo donde se establece claramente su igualdad con respecto al hombre y su importancia en el seno familiar dictada directamente por su Creador.

Nada, como mujer, limita mi libertad emocional para decir que las mujeres musulmanas deben sentirse orgullosas de seguir a un profeta defensor de los derechos de la mujer, de su igualdad y de su dignidad.

Nada, como ser humano, limita la libertad de mi pensamiento como para hacerme las siguientes preguntas no obstante este hadith que encontré: Las mujeres son iguales a los hombres en cuanto a las obligaciones de la ley:

La oración, el ayuno, la limosna y el peregrinaje. Pero no lo son respecto a la herencia, a la responsabilidad en los asuntos generales, como la justicia y la capacidad de gobernar. Lo hayamos expresado en el libro de leyes donde dice: ¡La nación que confía sus asuntos a una mujer no puede marchar bien!  (Al-Bukhari, citado por Ghazzali: Ihya’a ‘Ulum Al-Din, 2/5 p. 51.)

¿Entonces qué esta pasando? Si Dios es justo y el Islam es justo, ¿por qué las leyes y las políticas creadas en nombre del Islam resultan en la injusticia? Pero la respuesta, estoy segura está en cada individuo.

Me despido diciendo: No siempre la curiosidad es malsana. Comprender, o por lo menos intentar entender una tradición, no es herejía sino libertad de expresión que, asi como hoy, espero continuar la próxima semana. Por lo pronto agradezco a quien gentilmente me lee.

Publicado originalmente en: http://clubdelilith.com/misoginia-101-por-culpa-de-eva-o-de-lilith-2168

 

Parte II

La búsqueda de respuesta a esta pregunta, me llevó a reflexionar sobre algunos de los aspectos de la historia y de la tradición del islam que pudieran explicarme sobre la situación de la mujer musulmana.

Teniendo en cuenta la dificultad que poseo para comprender en virtud de que pertenezco a una sociedad diferente -por su religión, por sus costumbres, por sus condiciones culturales, por su libertad en general- opté por leer algo sobre el Corán y averiguar si realmente éste sustenta la opresión y el maltrato de la mujer.

Escudriñar entre las omniscientes páginas del Corán no fue tarea fácil ya que contiene 114 capítulos (azoras) los que a su vez se subdividen en 6236 versículos (aleyas). Su contenido no es comparable con la Biblia pero me pareció igual de confuso como para encontrar una respuesta que removiera el velo sin ser musulmana. De hecho, creo que si lo fuera, estaría censurado mi criterio ya que se basa en mis propias opiniones, sin un estudio que profundice en una teología prolongada, sino más bien superficial, comparado con las realidades que hay detrás de ella. Lo que sí puedo decir sin temor a equivocarme es que para los musulmanes, los judíos y los cristianos este mundo no es el resultado de la casualidad. Todo emana de un Ser Eterno, Supremo, con poder sin límites y con bondad y misericordia infinitas.

La condición de la mujer musulmana no es algo dado ni determinado inexorablemente por la propia religión del islam, como se dice o supone comúnmente, por el contrario, es un problema histórico; un resultado de las circunstancias específicas del desarrollo de la sociedad musulmana a lo largo del tiempo condicionado por las propias costumbres y rasgos culturales preexistentes en general que significaron su punto de partida en casos históricos concretos dependiendo del país islámico de que se trate.

 

El Código Islámico es el que rige la vida de los ciudadanos. Es una forma de gobierno en la que los líderes gubernamentales coinciden con los líderes de la religión dominante, y las políticas de gobierno son idénticas o están muy influidas por los principios de la doctrina. Normalmente un gobierno islámico afirma gobernar en nombre de Dios. Solo que, en el Coran hay hadith, quizá débiles o dudosos, de tal forma que son interpretados erróneamente con respecto a las mujeres. Incluso, hay quienes defienden su interpretación justificando sus prácticas brutales y represoras en los regímenes radicales y autocráticos de oriente medio con la bandera del islam a toda asta.

En otras vistas se observan que en muchas entidades islámicas hay grupos de mujeres que en estos momentos instan a sus gobiernos a que promulguen la ley sobre la violencia doméstica y que tienen que lidiar con unas autoridades que dicen que no se puede aplicar semejante ley -a los musulmanes-, ya que a los varones se les permite golpear a sus mujeres, incluso sobre cuestiones relativas al “Corán y la mujer”, entre ellas la poligamia, la vestimenta y el pudor, la violencia doméstica, las mujeres y el trabajo y la libertad de religión.

La formación del código de conducta femenina no es coránico sino de un producto histórico creado durante la edad media musulmana. Este código de conducta impuesto a la mujer contradice al Corán por negar a la mujer su libertad e igualdad con el hombre y anular la voluntad y personalidad femenina, no obstante, recibió su sanción y fue ratificado por el derecho islámico: La Sharia

Esta ley musulmán constituye un código detallado de conducta, en el que se incluyen también las normas relativas a los modos del culto, los criterios de la moral y de la vida, las cosas permitidas o prohibidas, las reglas separadoras entre el bien y el mal que los tribunales impusieron penas crueles, inhumanas o degradantes todo ello en consecuencia de Yahiliya que es parte del sistema que priva a las mujeres y que ha dado pie a múltiples episodios que niegan el acceso -como recurso estratégico que les impide alcanzar una autonomía-, generando historias desgarradoras que representan el silencio, la muerte y el olvido de infinidad de mujeres en los países -mal llamados- islámicos y que tienen que ver con el “estado de ignorancia de la guía divina (yahiliya) en las sociedades pre-islámicas, antes de la revelación del Corán donde, igual que la cultura judía y cristiana, la misoginia y el machismo se mezclaron imponiéndose radicalmente aún hasta nuestros tiempos.

Todos los alegatos de maltrato sexual supuestamente “inspirados” en el Islam resultan ser sólo fruto de la ignorancia de quien lo comete que nada tiene que ver con el Corán. Como las chicas Muta’a: modalidad de matrimonio temporal que se está dando en estos momentos en Iraq y al que muchas mujeres se ven forzadas para poder sobrevivir. En realidad es una forma de prostitución encubierta. Pueden ser abandonadas y repudiadas en cualquier momento.

“Pierde la institución matrimonial toda su razón (moral) de ser al leer estas palabras, y analizar dos elementos claves de la nikah (matrimonio y acto sexual): la poligamia y el repudio. Porque “la poligamia socava toda vinculación emocional entre los esposos. Y el derecho al repudio acentúa el “carácter de mercancía” de la mujer, de la que puede cambiarse en cualquier momento” cita párrafo en “Tras los velos del Islam” (Heller y Mosbahi).

La mayor parte de los países tradicionalmente islámicos, sólo reconocen que el repudio -así se le conoce- se predica como un derecho sólo del hombre, cuando la realidad es que el repudio también está concedido a la mujer y no puede ser derogado por prácticas o costumbres contrarias, porque está en el Corán y fué practicado por el profeta Muhammad y lo expresa con estas palabras:

“El mejor entre vosotros será el mejor con sus esposas”, “quien educa y casa bien a tres hijas estará protegido por ellas del fuego del Infierno” y “el paraíso está a los pies de la madre“.

Hay polémicas fuertes con relación a que estas costumbres poseen justificaciones para el Islam. Ahí radica su importancia, porque también el amor y la sexualidad fueron víctimas de esta institucionalización moralizadora. En el momento que se proclamó la ley islámica, todos los actos amorosos que no entraban en la alcoba conyugal eran considerados “zina”, término que abarca todas las relaciones sexuales prohibidas, ya sea el adulterio, ya sea la fornicación entre personas fuera del concubinato o del mismo sexo. Evidentemente, cometer la zina era -y sigue siendo- penalizado fervorosamente porque se ha desobedecido a la palabra de Dios:

“Flagelad a la fornicadora y al fornicador con cien azotes a cada uno (…)”, sentencia de castigo para ambos 24:2 Corán.

Efectivamente, el Islam establece un castigo, pero es la Sharia y la yahiliya las que conducen al abuso infantil…a la violación de los derechos humanos…a la injusticia… al rompimiento de los lazos familiares… a la amargura y el sufrimiento en las relaciones… en pocas palabras, han establecido mecanismos de dominación patriarcal basado en la misoginia. Muchos por ello consideran la ablación genital una práctica islámica porque refuerza los prejuicios antiislámicos y el racismo asociado a ellos a la vez que obstaculiza la eliminación de la ablación reforzando la posición de quienes mantienen que es un deber para las musulmanas.

Testimonio:

“Como media, todos los meses se encuentran unos quince cadáveres de mujer tirados por las calles de Bagdad como si fueran basura eliminada, como si fueran deshechos…, asesinadas… La una porque no llevaba el velo, la otra porque llevaba pintura de labios y una tercera porque no parecía una tienda de campaña andante… Cada día, en Bagdad, se cuentan historias de mujeres que han sido secuestradas, violadas, mutiladas en sus genitales por vuestras milicias. Todos y cada uno de los días… Cada día hay historias de mujeres abrasadas con ácido por no haberse cubierto adecuadamente. Todos y cada uno de los días… Esas son las prácticas que os trajisteis de Irán, ¡bastardos!”. -Layla Anwar- an Arab Woman Blues, aquí su Sitio traducido en español

Los discursos “fundamentalistas” invocan la recesión a los principios del Islam precisamente porque consideran a la mujer como portadora del Mal que deben ser perseguidas, extinguidas, lapidadas por el bien de la tradición (dogmática) que llevan la tira de años cometiendo toda clase de desafueros contra las mujeres y niñas mientras un credo es esgrimido como justificación a la barbarie.

Pareciera –o es- que se utiliza la religión como escudo para las más abyectas perversiones de la justicia que imponen severas restricciones y discriminación de las mujeres; a sus derecho al empleo, a la educación, a la seguridad, a las garantías individuales, y a su libertad que, para asegurar su cumplimiento, son sometidas desde la infancia a una cultura donde las sombras y el silencio son los únicos compañeros fieles a lo largo de sus vidas.

Ahora bien, desde este occidente donde las mujeres nos jactamos de ser libres. Acostumbradas a estos tiempos en que una niña deja de serlo con su primer menstruación; una adolescente juega con su sexualidad antes de cumplir su mayoría de edad; una mujer se labra una carrera de malabarista; una esposa se convierte en economista familiar; una madre en psicóloga infantil hasta que llega a la plenitud de su vida y descubre que hablar de las cuestiones religiosas, no la convierte en bruja (como los tiempos de la inquisición) solo por no cumplir con un modelo de la feminidad de sumisión pasiva, sobre todo en un país –México- donde solo tenemos que voltear a los lados y decir con absoluta libertad que lo que sucede es consecuencia de los bastiones del cristianismo misógino.

En todo el mundo hay historias sobre millones de mujeres condenadas al olvido. A los países primermundistas la insensibilidad los hace cómplices, a los menos, indiferentes. Pero cuando vemos que a muy pocos les sensibiliza el drama de la violencia, nos rasgamos las vestiduras, mas aún cuando hay un escenario que conviene, pero que luego olvida y abandona a su suerte a víctimas inocentes de la barbarie de un oscurantismo religioso porque está comprobado que la práctica social del participante no concuerda con la teoría del observador.

Las supuestas ganancias en cuestión de derechos civiles o libertad para la mujer se podrían obtener igualmente a través del Islam simplemente erradicando la ignorancia en las sociedades rurales, mediante la búsqueda de lograr una mejor educación que se ha convertido en la pandemia que aqueja a cualquier país del mundo, islámico o no.

En conclusión, y por todo ello, la situación de la mujer en el mundo islámico puede –y debe- modificarse sin que ello afecte a la propia religión del islam y los usos específicos que la influyen pueden ser combinados con acciones -libres y decididas- de las propias musulmanas dominadas y subyugadas, no por su religión, sino por grupos y sectores sociales masculinos falocráticos que utilizan el islam como justificador de retrogradas perversiones que los colocan en una posición inferior como si éstos no estuvieran aptos para alcanzar un equilibrio de poder con las “Evas” o “Liliths” que igual estamos hechas del mismo linaje que Adán.

Publicado originalmente en: http://clubdelilith.com/misoginia-101-por-culpa-de-eva-o-lilith-parte-ii-2176

 

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