Estamos como la “Leyenda del Rosario de Amozoc”

 

Una leyenda que distingue a  la comunidad de Amozoc de Mota,  narra sobre las consecuencias trágicas ocurridas durante el periodo virreinal  provocado por las diferencias de grupos de artesanos rivales. De esta leyenda proviene la famosa frase muy utilizada por la plebe cuando “Algo”o “Aquello terminó como el Rosario de Amozoc” o también “Esto va a terminar como el Rosario de Amozo”. 

De rancio abolengo la frase, pero… Amozoc de Mota existe? Claro que existe. Es un municipio situado en el estado de la chula Puebla. Su nombre significa en náhuatl: “donde no hay lodo“.  Dicen los viajeros peregrinos y uno que otra panza aventurera que es un pueblo tranquilo y silencioso, cuyas estrechas callejuelas desembocan a la pequeña placita de viejos árboles y tosca fuente. No conozco Amozoc, pero he escuchado hablar de el, dicen; es un lugar donde las manos, la creatividad y sensibilidad de sus artesanos le han dado fama mundial. También se dice que los amozoqueños eran muy devotos mas no se si se confunde con la realidad. 

Cuentan que durante la época del virreinato, cada año sus callejones se inundaban de gran algarabía y regocijo por la más vistosa y solemne procesión de Cristos, una de las que ha dado más fama en todo el estado de Puebla. Esta celebración hacia que sus pobladores se confundieran entre la realea: hombre y mujeres, chicos y grandes,  jóvenes y ancianos, ricos y pobres. Cada uno portaba en alto, con harta devoción y enjundia, un Crucifijo o los Cristos que lucían llagas sangrantes, grandes espinas, cicatrices, largos verdugones, grandes cabelleras humanas con cendales, anaguillas bordadas en oro, plata, listones de colores, lentejuelas, chaquiras que ellos mismos forjaban por su gran habilidad con el hierro  y de diferentes metales: oro, plata, bronce, filigrana, en fin… y, claro “Los Rosarios de Azomoc” mismos que se rezaban a cada momento haciéndose acompañar con cánticos en todos sus misterios. 

Un músico llevaba la batuta mientras que la procesión lo seguía a su espalda entre cantos, alabanzas y uno que otro lamento, encabezados por el predicador que llenaba con su alegre arenga la festividad, dando al evento un aire típico de una de nuestras tradiciones mexicanas… que chulada! Los visitantes de otros estados la conocieron como la procesión de los cristos.

Pero, regresando al tema que nos ocupa, México tiene fama de ser un país surrealista, casi imaginario, donde todos sus sueños y pesadillas se hacen realidad. A lo largo de nuestra historia surgen los mitos que dicen usamos los mexicanos para vivir tranquilos durante el día y dormir bien por las noches… a saber! Lo cierto es que gracias a ello nació mi curiosidad sobre el origen de la expresión hasta que, navegando por un  fantástico paseo virtual, encontré un  relato en el cual, la historia se mezcla con la imaginación popular, dando lugar a una deliciosa leyenda que, créalo,  vale la pena conocer. No exactamente pero, algo  así encontré en el portal de wikipedia relacionado con la famosa Leyenda del Rosario de Amozoc.

Pronto, llegó el año de 1797, en donde sucedió algo que conmocionó a la Nueva España. Durante esa época el gremio de forjadores tuvieron algunas diferencias y en consecuencia se formaron dos bandos igualmente fuertes que se discutían la celebración de la fiesta anual a la Virgen del Rosario, en que como es natural nadie quería ser desairado y la competencia de los contendientes hacia que el lujo se extendiera hasta un punto en que la función religiosa hacia derroche de la ostentación y la riqueza, sobre todo durante la procesión, incluso, por la noche se quemaban fuegos artificiales en el átrio de la Parroquia.

Cuentan las malas lenguas que un día, como de costumbre,  llegó la procesión hasta donde estaba el sacristán cobrando el medio real de peaje, una anciana comenzó a alegar que no era justo que ella pagase el medio real llevando un Cristo tan pequeño, mientras que el hombre que iba a su lado llevaba un Cristo de gran tamaño y le cobraban lo mismo.

-¡Oiga usted, esto me parece carísimo! – Decía la anciana. –¡solo le daré cuartilla!-
Respondió el sacristán: “¡comprenda, por favor! ¡Éste precio se ha cobrado desde hace varios años, por Cristos ya sean grandes o ya sean chicos! ¡No puedo conceder rebajas, ya que no estoy autorizado para hacerlas!…”
Más la vieja cicatera discutía acaloradamente: -¡ya le dije, solo puedo dar cuartilla, y diga su mercé que le fue bien, porque es mucho dinero los tres centavos que le estoy ofreciendo!-
Más el del cristo grande terció muy acalorado en la disputa y en cuestión de segundos se trabó un violento altercado.

En efecto, no era justo. Desesperada, la gente comenzó a resongar y empujarse para tratar de avanzar, y así que la procesión siguiera como vulgarmente se dice:  “caminando y meando para no hacer pozo”.  Como nadie se movía, los empujones y codazos empezaron a ser cada vez más fuertes, mezclados con palabras agrias, ofensivas y soeces. Asi fue como se armó la trifulca y se dividieron los bandos; “los de arriba  contra los de abajo”,

No obstante, hasta aquí las cosas parecían ir por buen camino; juntos pero no revueltos.  Los componentes y lideres de los bandos se esforzaban en quedar mejor que sus contrarios; pero la envidia comenzaba a interponerse y la división de los bandos a acentuarse, no faltando las disputas que inquietaba a las autoridades civiles y eclesiásticos, pues era de esperarse que tarde o temprano “la puerca torciera el rabo”…y así fue.

 Y como dice otro dicho; “mas vale paso que aguante que trote que canse”, se hizo la luz. Los jerarcas intervinieron milagrosamente para disponer, ante las claras y obvias diferencias democráticas, que los dos grupos celebrasen, por obra y gracia del espíritu santo, en la alternancia que, después de un bolado, quedó establecido el pacto solidario; unos en los años que tuvieran cifra par, y los otros cuando fuera impar. Con tan atinada medida se creyó que daría por terminado tanto revuelo…pero nó mi estimado lector, ahí nó paro la cosa.

Vera usted, cuando tocó el turno a los del año par; esto molesto a los del bando opuesto alegando que a ellos correspondía la celebración ya que por causas de los trastornos políticos de aquellos tiempos, se les saltó la franquicia. Sin embargo, una vez sometido el punto a riguroso arbitraje, se acordó por la vía de “aquí te brinco” que no debía interrumpirse el orden en que la Autoridad Eclesiástica y Civil habían establecido entre los celebrantes del año impar de modo que humillados y furiosos por tal decisión, se retiraron no sin jurar que tomarían desquite a pesar de la Santa inquisición.

Y hablando del piadoso tribunal, uno de los bandos tenía como líder a una mujer algo temible, de cascos ligeros y con tremendo trasero de dimensiones extranormales  a quien apodaban  la “Culata”. Pues bien, la susodicha tenía un amante  pendenciero cuya finta y antecedentes penales era digno de juicio por parte de la Santa Inquisición. Aquella que se encargaba de velar por la rectitud, la moral y el cristianismo no solo de los pobladores de Amozoc, sino de todos los habitantes de la Nueva España.

Por otra parte, los guardianes del orden publico ya lo tenía fichado por sus borracheras, zafarrancho y enredos. Como ya se supondrá, la manzana de la discordia era nada menos que su amada “Culata”. Ciertamente en el fondo de estas cuestiones y acaloradas disputas había el provecho de algunos pesos que se quedaban entre los organizadores, mas que el deseo de dar lustre a la fiesta.

Así las cosas llegaron a los días del novenario que antecede a la festividad. Los organizadores en esa ocasión extremaron los preparativos y aquel año recaudaron fondos hasta de la cercana Puebla de los Angeles. Los dividendos entre los organizadores prometían ser abundantes: se contrató buena orquesta, se invitaron a los faroleros de la Catedral de Puebla, y a distinguidas personalidades. Todo aquello era un derroche de papel picado, comilonas y centavos.

El día de la fiesta el bando derrotado se entregó de lleno al pulque y el mezcal, celebrando a Baco (en la mitología griega Dionisio; dios del vino e inspirador de la locura ritual y el éxtasis) ya que no podían festejar a los santos, pero si podían colarse. La iglesia desde temprana hora se llenó de fieles; el altar iluminado con luces de colores resplandecía de modo fantástico, luciendo las más hermosas galas; las esbeltas columnas revestidas de cortinajes de tafetán, de las cornisas pendían gallardetes y en lo general el adorno hacia ver el esmero que los encargados habían tomado para que no faltara el más mínimo detalle.

Los faroleros estaban formados en doble fila frente al altar en silencio; comenzó el Rosario. El sacerdote y su “seculum seculorum” desde el púlpito dirigía con pausada voz los distintos pasos del rezo su “Ave María Purísima”. Los del bando contrario aunque en condiciones poco favorables al estar de pie se mantenían quietos, solo el lugarteniente de la “Culata” que estaba cerca del jefe de los faroleros, dejaban fluir su rencor con el ceño fruncido y entrecortadas palabras, no propias del recinto sagrado.

Por fin llego la hora de la letanía; las distintas cofradías tomaron el orden y acomodo, vela en mano para formar en la procesión que ya anunciaba el alegre repique de las campanas; los cohetes estallaban en los cielos, todo era alegría; la cascada voz de los cantores, acompañados por el órgano pronunciaban las alabanzas de la letanía, y aún no moría el eco de la última alabanza, cuando en el aire se oía dilatarse por las bóvedas el implorante “Ora Pronobis”

El mal encarado amante de la “Culata” mascullaba entre dientes toda clase de improperios salpicados de veneno ponzoñoso; hasta que por fin llego el momento en que en la letanía se canta aquello de “MATTER INMACULATA”  en latín, que  hizo que la trastornada mente de aquel bribón tradujera por ‘MATEN A LA CULATA‘, pero no fue el único, todo el mundo repetía: …”MAATEN A LA CULATAAA”… “MAATEN A LA CULATAAA”… y sin esperar nada, gritó con toda la fuerza de sus pulmones: “Nooo, eso si que no, hijos de… a mi culata nadie la toca” y acto seguido, se lanzo como feroz animal, cuchillo en mano, sobre el jefe de los faroleros que llevaba la primera voz del coro.

El desconcierto que se siguió: palabras de grueso calibre alternadas con fuego liquido, pedradas, golpes, cachetadas; cada banca o reclinatorio se convirtió en una trinchera; aullidos, gritos,  los faroles se convirtieron mas pronto en arma ofensiva de gran efectividad: a cada golpe venían por tierra tres o cuatro contrincantes de los más revoltosos. Para su mala suerte, uno de los trancazos le toco a la vieja camorrista;

“…LA CULATA, TOMÓ EL PESADO CRISTO DE BRONCE Y LO ENARBOLÓ CUAL CONTUNDENTE MAZO. CON MIRADA FIERA CLAVO LOS CUCHILLOS DE SUS PUPILAS SOBRE UNA VIEJA Y DESCARGÓ CON TODAS SUS FUERZAS EL GOLPE QUE HIZO QUE LA PLEBE QUE LOS RODEABA, FUERAN BAÑADOS CON UN CHORRO DE ROJA Y RELUCIENTE SANGRE… “

El sacerdote los amenazaba  con gritos a la cordura: “Hijos de la… madre celestial!, les lanzaba aspersiones de agua bendita con el hisopo mientras rezaba con voz agitada la magnífica, creyendo como es natural que el demonio se había apoderado de aquellos desalmados que no daban tregua en las acometidas y el que, en sustitución del jefe de los faroleros, dirigía la maniobra campal; un joven fuerte, bien desarrollado que gritaba a sus subalternos: “adelante con los faroles muchachos”.

Los viejos odios que se profesaban familias enteras, allí quedaron saciados, bien satisfechos: Las arañas se vengaron de los alacranes; los alacranes de las víboras…y así. Los sacerdotes trataban de imponer la paz, pero un cristazo en la espalda los echaba de bruces al suelo; todo el mundo ardía de rabia y coraje. Pronto, aquello fue un espectáculo dantesco, ya que la sangre chorreaba por todos lados. Todo era confusión, no se sabía quien contra quien hasta que la campana sonó en señal de auxilio y solo cuando el señor Alcalde se presentó en el lugar con un amplio número de soldados, para sofocar los ánimos.

Restablecida la calma fueron desfilando médicos, curanderos y boticarios. No se daban a basto para atender a tanto herido y mujeres histéricas  desgañitadas de gritar, unas descalabradas, otras desgarradas y, para colmo,  en el campo de batalla quedaron tres o cuatro difuntos.  

Por supuesto que ni los Cristos  salieron muy bien librados de la gresca sangrienta: los había sin cabezas, sin brazos, sin piernas. Los de barro se hacían polvo y los de madera se partían. Solo los de hierro, plata y bronce estaban casi ilesos, solo un poco torcidos. Los encargados del Ayuntamiento de Limpieza sudaron la gota gorda tratando de borrar las manchas de sangre regadas en las calles.

No se sabe si el sacristán y los sacerdotes fueron suspendidos en su cargo ministerial o los cambiaron a otro poblado muy lejos de ahí. Lo que sí se sabe, es que jamás los volvieron a ver en la iglesia. Una vez hechas las averiguaciones de rigor, le tocó la peor parte a la falanges de la revoltosa “Culata” y su salvajote marido. La Autoridad Virreinal, al tener conocimiento del escándalo en el recinto sagrado, suspendió las procesiones, decretó el encarcelamiento de unos, la condena a trabajos forzados de otros y, con el mayor sigilo, el destierro de la pintoresca heroína, la brava “Culata” que dio motivo a que cuando  algo pinta mal se diga con entonación irónica: “Esto acabara como el Rosario de Amozoc”.

Pues bien, esta leyenda nos desnuda, nos expone, nos enorgullece, y nos revela que con bastante frecuencia sucede que en algunos eventos, por circunstancias no siempre “explicables, en las personas se despierta ese instinto primitivo que induce a la violencia y, lo que era oportunidad de convivencia fraternal, termina en una gloriosa herencia histórica.

No cabe duda!… si hasta rezando el rosario la violencia encuentra resquicios para hacerse presente, qué podemos esperar de los eventos deportivos, de las manifestaciones políticas y de tantas otras actividades en las que las emociones dominan al entendimiento de la especie “Homomexicanesis”. 

 

 

 

3 Respuestas a “Estamos como la “Leyenda del Rosario de Amozoc”

    • En primer lugar muchas gracias por tomarte el tiempo y por tu interés por difundir la tradición y leyenda de este hermoso y maravilloso lugar de la provincia mexicana pero debo hacer algunas observaciones.
      La información que aquí presentas es parcialmente la original, en un noventa por ciento; pero además de todo slgunas palabras como por ejemplo: “…de los más revoltosos…” en el texto original esta escrito: “…de los más resueltos…” y su sinónimo más exacto es “…de los más decididos…” que no es lo mismo; y como esta hay otros errores de apreciación. Además tu estilo de redacción es pésimo por no ser objetivo ya que esta cargado de ironías y sarcasmos al agregar de tu parte una carga excesiva de comentarios personales; eso de “caminando y meando para no hacer pozo” (además la frase es: “caminando y meando para no hacer charcos”) y otras más son de reciente creación. Por otra parte esta correctamente aplicado el gentilicio: “Amozoqueño” ya que esta es la forma gramatical acertada; aunque muchos descendientes de familias tradicinales de esta población traten de de superar sus complejos queriendo “civilizarse” adoptando equivocadamente el gentilicio de “amozoquences”, totalmente equivocados; y sí efectivamente, la gente del lugar se carateriza por ser muy devota; de los viejos árboles, ya no quedan muchos y la tosca fuente nunca existió en aquella epoca, las que hubo anteriormente a las dos actuales (que no funcionan) datan de finales de la década de los ochenta y tampoco funcionaron (sólo como basureros).
      Wikipedia no es la panacea ni la octava maravilla del mundo, pues muchos errores de apreciación, información y contenido se difunden ahí y; lejos de ser un crisol donde se amalgama el tesoro de la VERDAD, se convierte en un SOFISMA dónde se comunican mentiras con apariencia de verdad. Tampoco es una autoridad en muchas materias por carecer especialistas en cuestiones de carácter -especialmente- regional o local, donde casi cualquiera puede acceder y subir cualquier cosa que este pensando solo porque puede hacerlo; si es así mejor entra a investrigar en Facebook.
      Si te interesa podría ayudarte a obtener mejor información del lugar. ¡Hasta entonces, Saludos.!

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