Entre la Guerra, la Delincuencia Organizada y los Tenis “Nike”

La mayoria de la gente, sin importar su estrato social, lleva consigo un blindaje muy especial; “La Bendición de Dios”porque ésta guerra contra el narcotráfico ha hecho de las calles verdaderos campos de batalla.

Un Joven mira aterrorizado al hombre de la capucha negra. Se llena de pavor ante el arma que apunta a su cabeza. Tiembla sin poder evitarlo. El rostro pierde su color mientras la mirada se clava por unos segundos en algo extraño; el calzado del sujeto que le estaba apuntando; unos tenis negros marca “Nike”.

-Camínale hijo de puta o te mato!- La voz del hombre, sin rostro, suena tajante. El muchacho obedece y camina desconcertado. No tiene valor para volver los ojos hacia su secuestrador o, quizá su verdugo.

 ¿Como encontrar palabras para describir este cuadro?…  ¿Qué hacer cuando lo que tienes ante tus ojos es imposible de ser descrito?…  ¿La palabra exacta para definir la escena sería ignominia?… ¿Tal vez oprobio o quizá infamia? Demasiadas interrogantes, ¿alguna sugerencia?

 

Lo que sucedió ese día, en lo recóndito del alma humana, huye de las palabras y los adjetivos.  Las palabras sobran, o faltan. No sé. Mejor es fingir que nada fue real. Esconderlo en las palabras. Quizá así tengamos menos vergüenza de decir que somos humanos y aceptamos la idea de que nos volvimos animales. No, mejor dicho; bestias!

Todo ocurre un miércoles 1 de Septiembre. El enorme reloj de pared del pasillo central de la escuela secundaria indica las 9:30 de la mañana. Es una mañana típica de fin de verano. Un sol esplendoroso se reflejaba en las ventanas de los salones. Dentro de la escuela, alumnos, profesores y maestras se preparaban para dar inicio su labor escolar.

Súbitamente se oyeron disparos y voces de comando. Palabras de bajo calibre, amenazas y golpes son distribuidos a diestra y siniestra. En fracción de segundos, varios hombres armados hasta los dientes, con los rostros cubiertos por capuchas negras y destilando odio por los ojos, se apoderan de la institución. En pocos minutos, la vida de 1,200 personas parece estar en sus manos.

Los invasores con armas, uniformes y fornituras típicos de las fuerzas federales, pero con tenis “Nike”, seleccionaron  varios  rehenes de distintos salones. Los conducen, a patadas y empujones a punta de pistóla. Varias unidades esperan en la entrada principal. Un transeúnte que pasaba, se percató del incidente y de inmediato dio aviso a las autoridades. Elementos de Seguridad Federal, el Ejército y la Marina se trasladaron al plantel escolar. Sólo encontraron rayones de llanta, olor a azufre y las secuelas del terror; madres desesperadas que recogían a sus hijos, personal docente y administrativo intentando tranquilizar a sus alumnos, todos fuera de control.

En una cuidad, como Reynosa Tamaulipas, las extorsiones y secuestros están a la orden del día y, donde hay expectativa generalizada entre la población, la imaginación tampoco es libre habiendo tanto testimonio. Los ojos de una comunidad, de un país, quizá del mundo entero, se dirigen para ver el desenlace final del ataque a niños indefensos, sin embargo cuando se trata de jóvenes la respuesta es menos complicada y optamos por lo mas fácil; “seguro que andaban mal“. De los jóvenes no volví a saber nada. Ni vivos, ni muertos, ni de otros.

Lo que describo aquí es sólo un grano de arena. El clima mundial de belicosidad es mucho más intenso. La sangre de gente inocente se derrama por todos los lados. Escenas reales de dolor, de miedo y sufrimiento, mucho más terribles que las que aparecen en las películas de terror por motivos banales. El mundo vive la cultura de la guerra y no se trata sólo de la lucha armada de un país contra el otro. Las personas también pelean y se matan sin motivo aparente.

En el tiempo en que escribo éstas líneas la prensa escrita nos muestra  imágenes a todo color  de lo que sucedió ayer, los noticieros en la televisión narran las tragedias del día, y la investigación en periodismo digital ya predice lo que habrá de suceder mañana de acuerdo a las estadísticas. Sin embargo, los medios de comunicación son un poder innegable en la sociedad mundial de hoy. Para algunos, son la manera más eficaz y rápida de transmitir un mensaje, para otros, son un vehículo de manipulación social mediante el cual los diferentes poderes de la sociedad se hacen escuchar, así como también hay quienes piensan en los medios de comunicación como si de un reflejo de la sociedad se tratase, como un vinculo al cual es posible manifestar lo positivo y lo negativo de una situación o de un contexto determinado que, muy seguramente, será olvidado el día de mañana por otra de ocho columnas. Y hablando de contextos…

MILENIO.- “Con promedio de 18 secuestros diarios, de los cuales sólo dos se denuncian ante las autoridades, México es líder mundial en la recurrencia de ese delito […]” y advierte  que el 99 por ciento de los delitos denunciados queda en la impunidad.

PROCESO CANCÚN, Q. Roo. (apro).- “La Procuraduría local dio a conocer la detención de Jonathan Adriel Meneses Marín, El Gallito, un joven de apenas 15 años identificado como uno de los líderes del narcotráfico en Isla Mujeres, a quien se involucra en el homicidio de dos narcomenudistas[…]”

Excéĺsior | 05-09-2011 |Distrito Federal– “Las Fuerzas Armadas y la Procuraduría General de la República (PGR) han detenido en lo que va del sexenio a cuatro mil 44 menores de edad por estar relacionados con delitos como delincuencia organizada, tráfico de drogas y de indocumentados, homicidio, secuestro, portación de armas de fuego y por dar información a grupos criminales. A la mayoría de menores detenidos se les vincula con el cártel del Golfo y Los Zetas […]”

EL UNIVERSAL.- “La organización no gubernamental Red por los Derechos de la Infancia (Redim), integrada por 67 agrupaciones en todo el país, dio a conocer que mil 66 menores han muerto de diciembre de 2006 a la fecha por la violencia atribuida al narcotráfico[…]”

Recuerdo haber leído una nota policíaca que me impactó; “Tres hombres matan a una mujer porque no les cedió el paso“. Según los agresores, ellos tenían prisa. La siguieron y, horas más tarde, fue encontrada muerta en el interior de su vehículo con su  puño dentro de la boca. El tiempo que perdieron al cometer su horrendo crimen fue mucho más que los segundos que hubieran esperado.  ¿Quienes fueron? Nadie supo, nadie vio nada. Actitudes como ésta podemos ver todos los días en todos los lugares.

El crimen organizado es capaz de paralizar una ciudad. El enemigo está por todos lados. No tiene rostro. Basta ser la otra persona. Desconfiados de nuestros vecinos. Si las autoridades tienen miedo, los ciudadanos también. Por desgracia, nos estamos habituando a  vivir en un clima de hostilidad, de indiferencia, de insensibilidad. “¿Qué podemos hacer?” nos preguntamos constantemente al contemplar a diario el cuadro de sangre, al ver a hombres y mujeres de todas las edades, delinquir o morir  en una guerra loca o en una vida sin sentido. ¿Hasta cuando? Es entonces cuando la mente humana se engaña con una posible solución; “Ya Basta, no queremos más sangre!”

Una de las mayores guerras de la actualidad ya diezmó alrededor de 50,000 vidas. La mayoría, gente inocente, al menos hasta que se compruebe lo contrario. El Estado tiene una deuda con los mexicanos. Niños y niñas, asesinados o huérfanos, que no tienen nada que ver con sus intereses políticos, económicos, sociales, o lo que sea. Al principio todos seguíamos con interés el desarrollo. Hoy, a pesar de perderse cada día decenas de vidas, para muchos la nota roja pasa a ser una sección de rutina.

Hace varias décadas el mundo fue estremecido por dos guerras Mundiales. Hasta entonces nada semejante había sucedido en la historia de la humanidad. Ambas guerras fueron devastadoras. La primera mató a 10 millones de seres humanos. En aquella ocasión, en un transmisión rediofónica desde Hiroshima en 1945 despúes de lanzada la primera bomba atómica, William Ripley afirmó : ” Estoy parado en el lugar donde empezó el fin del mundo”. Las guerras internacionales están pasando a ser la excepción.

El clima de guerra que vivimos en nuestros días, siguen sarcásticamente haciendo eco aquellas palabras. Pero a mi modo de ver, no se limita a conflictos internacionales, excepto para quién muere como consecuencia. Creo que lo que mina la estructura interna de los países son sus luchas internas. Hay naciones que luchan terriblemente contra el hambre, la pobreza, la desigualdad, entre otras, malgastando su dinero y energía exterminándose  a sí mismos. Son los que más gastan en comprar armas y los que menos seguridad ofrecen a sus habitantes. Donde los jóvenes, en situación de riesgo (problemas de comportamiento, trastornos, adicciones, desintegración familiar, falta de oportunidades, baja auto-estíma, etcétera) son literalmente “La carne que alimenta al cañón”. En estos conflictos internos los más afectados son los menos culpables. Aquellos que su país le esta fallando.

Cuando los seres humanos contemplamos la triste realidad, nos negamos aceptarla por una simple razón; pensamos: el hombre no fue creado para la guerra, aunque viva permanentemente en ella. Pero algo sucedió a lo largo del camino, algo que deformó su mundo interior. Se ha vuelto violento por naturaleza. Hiere a los que encuentra en su camino y hacer sufrir a los que están en su entorno, pero en el fondo carga la nostalgia de la paz.

2 Respuestas a “Entre la Guerra, la Delincuencia Organizada y los Tenis “Nike”

  1. Grandes cosas de ti, hombre. He leído tus cosas antes y usted es demasiado impresionante. Me encanta lo que usted ha llegado hasta aquí, el amor lo que estás diciendo y cómo lo dice. Usted lo hace entretenido y que todavía se las arreglan para mantener la elegancia. No puedo esperar a leer más de usted. Esto es realmente un gran blog.

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