El rumor es la piedra angular de la desinformación.

Cuenta una leyenda urbana que a mediados de los años 60’s se aparecía una mujer vestida de blanco, de larga y canosa  cabellera, cuyo rostro, se supuso, por lógica; pálido, cadavérico, tan feo como la mismísima muerte.

 Se decía que ésta mujer se aparecía todas las noches en las orillas del arroyo ‘Las vacas’ que desemboca en el ‘Río Bravo’, justo en mi ciudad natal. Es posible que los abuelos, y algunos padres de compañeras (os) de mi generación, recuerden con detalle éste descabellado ‘Thriller’ de los tiempos cuando no había televisión. Por lo menos, en contados hogares. Solo la radio sonaba y la lectura del único periódico haciendo ‘el eco’ de la noticia en mi norteña ciudad.

 Mi cuento empieza con ‘Juancho’ (así llamaré a mi personaje).

Juancho era un pescador ribereño de la ciudad. Desde muy pequeño había aprendido el oficio de la pesca junto a su padre en las vegas… pero del río. Todos los días, como era costumbre, caminaban la ruta de ida y vuelta por el arroyo.  

Una de esas noches de regreso a casa, escucharon un clamor agudo como de ultratumba. De esos que ponen la carne de gallina.

Juancho dirigió su linterna hacia la dirección donde se oyó el lamento. Algo, no muy lejos, se alcanzó a percibir en la penumbra. Parecía un espectro que, en un abrir y cerrar de ojos, se esfumó como si el viento se lo hubiese llevado.

¿Vites eso apá? Se me afiguró una… [¿?]… pos sabe que cosa era. –dijo Juancho rascándose la cabeza.

¡Adieu!… No seas torpe chamaco, ha de ser alguien que anda haciendo de las aguas entre los matorrales.

Siguieron de hilo (pronúnciese; jilo) y, a escasos minutos, de nuevo el aullido que parecía de un animal berreando.

¡Quien vive!… –gritó varias veces el muchacho en espera de una respuesta pero…! Nada! Solo el silbido del viento y algunos perros ladrando.

Cállate hombre que vas a espantar a los perros y segurito vendrán pa’ echarnos en corrida -dijo el padre en su clásico tono norteño.

Reanudaron su camino, algo escabroso y molesto por los incesantes ruidos.

Pos sí, no hay duda; ¡es una vieja chillando! – el típico padre conocedor-

En eso… así de la nada… ¡zas!… y se pararon en seco.

Un viento helado les dobló las corvas , ‘algo’ se les atravesó dejándoles burriciegos y las orejas papaloteando.

¡Ah chinga, que fue eso!… ¿Tu también lo mirátes mijo?

Si apá, si lo vide y me pasó rozando

Luego el Juancho apuntó hacia una dirección – Pa’llá ganó apá…pa’lla se jue la cosa esa… írela pá!

Soltaron mas mecha al quinqué.

Esa ‘cosa’ tomó forma de mujer pero vista de espalda. Entre el viento y el pestañeo de ambos impedían una visión clara.  Qué cosa tan rara!.. La tenebrosa dama flotaba a escasos metros de distancia sin decir palabra y, ellos, con la boca seca como para preguntar… ‘¿pos, qué cosa eres?’.

Ya con los pelos erizados, sin ponerse de acuerdo, tanto el padre como el hijo retrocedieron un paso del espiritú… luego otro… otro…y otro, en la misma medida que la figura fantasmal giraba su cabeza en torno a ellos y… ¡patas pa’que son!… Ay nos vimos!… y se echaron a correr despavoridos como venados lampareados.

Jamás en su repanda vida habían corrido tan veloces de no haber sido por esta ‘wonder woman’ que, ‘dicen’, se aparecía en en los márgenes del arroyo.

Ahora sí que…

 “Será verdad, será mentira… o será la vieja del otro día”

 Y claro, como era de esperarse; el incidente fue pregón del vehículo oficial  para la divulgación, oséase, el sustancioso verbo que circulaba de boca en boca sin que nadie pudiera dar una explicación de lo ocurrido:

 ¡él me lo dijo!… se rumora en el pueblo que… ¡No comadre, y eso no es todo!. Pues a mi no me lo crea compadre, pero me dijeron que… Y también los que no saben nada pero ‘dicen que cuando el río suena, piedras trae’ o el clásico que lo justifica todo ‘si lo han dicho, por algo será’.

 En esto gravíta la manipulación también; es una influencia indirecta, a veces sutil, pero casi siempre insidioso que igual pretende contaminar sin atacar directamente.

‘El rumor es la piedra angular de la desinformación’

La desinformación es una técnica que podríamos llamar información cancerosa. Porque no se trata de no informar, sino de informar mintiendo o falseando la verdad y nunca falta el oportunista que se aprovecha o fabrica una historia, algo así como la que le acabo de contar.

 Diariamente se publicaba en un diario pionero local, una secuencia de esta sorprendente leyenda urbana que llegó a convertirse en todo un suceso que mantuvo a los habitantes a la expectativa, atemorizados si usted quiere, pero dando de que hablar (y escribir) todos los días aunque la iglesia condenara el hecho como una reverenda blasfemia.

 Lo verdaderamente sorprendente es que el cronísta se sustentaba en los informes y testimonios. A diario llegaban a la redacción, testigos que aseguraban haberla visto ‘con sus propios ojos’. Todos los relatos análogos, cual mas cual menos, el horario nocturno, la ubicación exacta, los rasgos característicos del ‘alma en pena’ detallada como la de Juancho y su padre, en la que, desde luego, tampoco hubo un valiente que se quedara a contemplarla porque se decía que esta misteriosa mujer, marcaba una maldición, con el solo hecho de mirarle el rostro.

Obviamente, a falta de una información objetiva y verídica sobre los hechos, terminaron imponiéndose los rumores sobre los escépticos creándose un ambiente de confusión y desconcierto social que generó una especie de  ‘psicosis colectiva’. Y eso, alguien lo sabía muy bien.

Pues bien, esta oscura maraña la desató un ingenioso que con su pluma y estilo personal, readaptó  la famosa leyenda de “La llorona”  en su paseo por el arroyo de las vacas.

Un hombre que recuerdo como don ‘Gus’; un periodista originario del estado de Veracruz de apellido “Bustamante” que fungió como director del matutino en aquella época. Quienes me conocen realmente, saben que fui parte de esa casa editora, muchos años después.

 Y bueno, ¿cual fue su objetivo? Obvio; aumentar el tiraje y la circulación. ¡Y vaya que lo logró! Los ejemplares y la publicidad  se vendieron como ‘pan caliente’. Aumentó el volumen de las ganancias con un tiraje especial donde los anunciantes se peleaban por aparecer en el cintillo o en las orejas de la “Extra”. Como dice el conocido refrán “Pueblo chico, infierno grande”… los niños voceadores hacían fila y la rotativa no paraba de trabajar.

La imaginación  perturbada contribuye poderosamente a la deformación de nuestras percepciones de la realidad y supone como real lo que solamente existe en la imaginación y el rumor siempre es una técnica de manipulación que don Gustavo supo aprovechar para conservar su chamba sin que nadie sospechara que -él-  había propiciado todo el chismarajo.

  La historia del periodismo está plagada de historias de este tipo de rumores. Y los rumores, se venden bastante bien. Y periodistas como ‘Don Gus’ hay en todas partes. El uso de la palabra manipulación aplicada al campo social se ha convertido, frecuentemente, en un abuso que, créame, es mas de temer que la bomba nuclear.

 Es triste ver como, desde los albores de la democracia, periodistas de renombre en este país, se han venido sometiendo a unas líneas editoriales, a un marcadísimo tinte político, y a un característico poder para tergiversar y manipular a través de sus distintas plataformas de comunicación, en lugar de ejercer un periodismo, de investigación, y mas humano.

 Años más tarde -a finales de los setentas y principio de los ochenta-, el astuto Sr. Bustamante regresó a trabajar (después de  años de ausencia por motivos personales) fue entonces que reveló su secreto:

“Es muy fácil manejar la mente humana tejiendo cualquier historia, no importa; sea buena o mala, real o ficticia, sacra o lépera. El hecho es que el rumor se convierte en un elemento para la difusión de las noticias. Todos somos comunicadores por naturaleza solo que la manipulación es una influencia que actúa por ocultamiento”.   

 Mi interés no va más allá de afectar a nadie, al contrario. Somos los ciudadanos quien debemos abrir los ojos.  A Don Gus ya se lo chupó la bruja  y del periódico queda una sombra que no se esfuma. Mi interés esta aquí, desde el momento que percibo rostros familiarizados con la duda y, claro, esa proclividad que tenemos para darle vuelo a la lengua . No se ofenda (tampoco  lo niegue).

 Y hablando de chismes; Internet es una buena plataforma con un mar de posibilidades enormemente atractivo, aunque a veces, terriblemente amenazador. Desde mi óptica, Twitter y Facebook se han transformado en un arma fantasmal para esparcir rumores apoyándonos en la fuerza social de tres palabras que antes era un tabú; libertad de expresión.

 La participación de la sociedad se reparte tan desigualmente que mientras unos se reservan las decisiones y el control, otros quedan reducidos a la única posibilidad de someterse masiva, pasiva e inconscientemente a las consignas dadas desde el poder de la comunicación social. El truco más reciente es contar la noticia pero alternarla con otras 50 mas, para que al final no descubramos cual es la más importante. 

 Y así, mientras algunos místicos dicen que “Dios creó las locuras del hombre para avergonzar a los sabios”. Los sabios, en cambio, discuten con los ideólogos;  “El conocimiento es el saber, pero la sabiduría es saber que hacer con el”. Los científicos opinan que “El conocimiento esta orgulloso de saber tanto y que la sabiduría se siente humillada al saber tan poco”. Y, por otra parte, los eruditos; “Necesitas conocimientos para aprobar los exámenes de la escuela”, y los grandes maestros; “Necesitas la sabiduría para aprobar los exámenes de la vida”.

 Amigo lector o lectora, en lo que éstos hombres discuten sus filosofías y logran ponerse de acuerdo, a nosotros,  si nos dejamos, nos va a ganar la ignorancia, así que espero encontremos un ilustrado momento para defendernos de esta nueva forma de esclavitud en lugar de convertirnos en  chirimbolos  del supremo arte de la  manipulación. Y, por si le interesa saber cómo, le recomiendo leer las “Diez Estrategias de Manipulación Mediática” de Noam Chomsky (aquí).

 

 

 

 

 

 

 

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