Marqués de Sade: Su vida; una novela gótica y sus obras una aventura orgiástica

Donatien Alphonse François de Sade (1740-1814), fue un adorable libertino de origen francés, muy conocido por sus locuras que traspasó literariamente los límites de los simples juegos eróticos que abochornan al lector, siendo las violaciones, los asesinatos y otras perversiones sanguinarias que se convirtieron en el elixir de la fantasía concupiscente del terrible Marqués de Sade.

Al llamado ‘Divino Marqués’, proclamado así por los surrealistas, le rodeó el escándalo en los días más largos de su vida. Pasó 27 años en la cárcel pero, analizando su biografía, no me atrevería a juzgar que fuese un ser tan aberrante como puedo imaginar leyéndole. Su perversa prosa es de tal calidad que los lectores de su época (y aún después), dieron por hecho que esas historias tenían fundamento en la realidad y fue satanizado. Su nombre ha pasado a la historia convertido en sustantivo. La palabra “sadismo” aparece en el diccionario desde 1834, devino en sinónimo de crueldad perversión, ferocidad, saña, salvajismo y por de más ultraje ligado a toda cachondez con temibles consecuencias.

“Me habló varias veces, con tal brío y tal agudeza que me pareció de lo más agradable. Cuando me levanté de la mesa, pregunté al comensal del otro lado quién era aquel hombre tan afable. […] Al oír ese nombre, huí de él con tanto pavor como si acabara de morderme la serpiente más venenosa. Sabía que ese desventurado viejo era el autor de una espantosa novela en la que todos los delirios criminales se presentaban bajo la apariencia del amor”. – Armand de Rochefort-

No voy a poner mi mano en el fuego por el lujurioso Marqués de Sade, pero parto del supuesto de inocencia y mi opinión es que fue un filósofo, un teórico hombre de letras que le dio por hurgar en lo más profundo de sus fantasías sexuales que luego convirtió en obras, un misántropo que desprecia a la especie humana y nos pone ante el espejo nuestros mas bajos instintos destructores. Y lo hace de tal modo que sus historias consiguen la excitación sexual y con ello nos vamos de bruces con el monstruo que llevamos dentro; ‘Caras vemos, mañas no sabemos’.

“Las pinturas más audaces, las descripciones más osadas, las situaciones más extraordinarias, las máximas más espantosas, las pinceladas más enérgicas tienen el sólo objeto de obtener una de las más sublimes lecciones de moral que el hombre haya recibido nunca.” –dijo Sade al referirse a sus obras-

Sade fue denunciado por una sirvienta que le acusó de violación y lesiones en la espalda. El Márquez argumentó que fueron solo unas nalgadas. Finalmente, libró el juicio por falsas acusaciones. Pero no solo eso, también le persiguió un escándalo con unas prostitutas que le atribuyeron sodomía y el envenenamiento con la supuesta afrodisíaca ‘mosca española’, tras un día de orgía donde varias de las glotonas sufrieron un padecimiento de enajenación.

Así narraba Guy de Massillon en 1966 aquel escándalo de Marsella:

“Algunas mujeres gritan histéricamente, otras, dominadas por un fuerte temblor, se arrojan al piso donde se revuelven sin parar. Otras mujeres han empezado a desnudarse en tanto lanzan gemidos de intenso e insatisfecho placer [todo, consecuencia de la pócima afrodisíaca suministrada por Sade]. Pero no son ellas las únicas en sufrir esa extraña enfermedad colectiva. También, los hombres van de aquí para allá, como perros rabiosos, gesticulando, gritando obscenidades y luego… Luego se suceden escenas del más crudo sexualismo. […] Una mujer casi completamente desnuda se asoma al balcón ofreciéndose a los hombres, otras siguen su ejemplo, una de ellas, más frenética que otras, se lanza de cabeza al vacío”.

Lo cierto es que no hay pruebas fiables de estas acusaciones que más bien se me antojan leyendas urbanas ya que a Sade nunca se le concedió un juicio justo.

“La ley solo existe para los pobres; los ricos y los poderosos la desobedecen cuando quieren, y lo hacen sin recibir castigo por que no hay juez en el mundo que no pueda comprarse con dinero.”

De lo que si existe documentación es de la persecución de una mujer ante el temor por lo que Sade pudiera escribir sobre la familia Montreuil. Concretamente; su suegra.

“De todos los medios posibles que la venganza y la crueldad podían elegir, convenid, Madame, en que habéis elegido el más horrible de todos. Fui a París para recoger los últimos suspiros de mi madre; no llevaba otro propósito que verla y besarla por última vez, si aún existía, o llorarla, si ya había dejado de existir. ¡Y ese momento fue el que usted escogió para hacer de mí, una vez más, su víctima. […] Pero mi segundo propósito, después de los cuidados que mi madre requería, no consistía más que en aplacarla y calmarla, en entenderme con usted, para tomar con respecto a mi asunto todos los partidos que le hubiesen convenido y que usted me habría aconsejado.” Carta de Sade a madame Montreuil ‘la Presidenta’ desde Vincennes, febrero de 1777

La suegra de Sade era una vieja encopetada tan influyente como adinerada. Perteneciente a la nueva nobleza, casó a su hija con el marqués en un matrimonio de conveniencias. No fue el marido ideal que desearía una suegra bien posicionada socialmente, digamos que un hombre de ‘ojo alegre’ y borrachín. Pero eso era relativamente común en la época (¡en todas! Digo yo).

“Los días, que en un matrimonio por conveniencia sólo traen consigo espinas, hubieran dejado que se abrieran a rosas de primavera. Cómo hubiese recogido esos días que ahora aborrezco. De la mano de la felicidad se hubieran desvanecido demasiado deprisa. Los años más largos de mi vida no tendrían suficiente para ponderar mi amor. En veneración continua me arrodillaría a los pies de mi mujer y las cadenas de la obligación, siempre recubiertas de amor, habrían significado para mi corazón arrebatado sólo grados de felicidad. ¡Vana ilusión! ¡Sueño demasiado sublime!” – Señala una de sus cartas el marqués de Sade.

Lo que enfurecía, supuestamente, a su ‘santísima’ suegra eran esos escritos indecentes de los que todo el mundo con su maliciosa lengua vociferaba y que no dudó en destruir cuando tuvo oportunidad. Esta detestable mujer no persigue a un criminal, sino a un hombre al que considera rebelde a sus órdenes y voluntades, pero más que nada porque era bueno para olfatear enaguas, incluyendo las de su propia cuñada. No retrocedió un ápice hasta que vio a su yerno entre las rejas y manicomios, utilizando para aprisionarlo su influencia con el rey.

“¿Usar la fuerza para separarles? Seguramente obtendría sin dificultad del ministro todo lo que le pidiera, pero esto causaría un escándalo y sería peligroso para él: así pues, no debemos hacerlo. […] No le perdáis nunca de vista porque el único modo de tratar con él es no abandonarle ni un solo momento. Así fue como logré el año pasado separarle de Colette y hacerle entrar en razón después de convencerle de que estaba equivocado. Dudo de que ame a ésta con más ardor que a la otra: era un frenesí. Todo ha ido bastante bien desde entonces hasta que esta Cuaresma se ha encaprichado de la de ahora”. –Carta de Madame Montreuil, desde París, para su tío el abad

En ese tiempo, se dice que muy pocos leían sus obras y que muchos confundieron sus personajes con actos del propio autor. Suena incongruente. A fin de cuentas él se defendía como creador:

“Cada actor de una obra dramática debe hablar el lenguaje establecido por el carácter que representa; que entonces es el personaje quien habla y no el autor, y que es lo más normal del mundo, en ese caso, que ese personaje, absolutamente inspirado por su papel, diga cosas completamente contrarias a lo que dice el autor cuando es él mismo quien habla”.

Tomemos a ‘Justine’ de ejemplo:

¿Sade toma a Justine y la tortura en su libro porque le excita? Entonces es sádico. ¿Sade tortura a Justine porque se refleja en ella e imagina sus dolores y humillaciones?  Entonces es masoquista. ¿Sade refleja en Justine todo lo malo que le ha sucedido en su vida gratuitamente? Entonces es vengativo. ¿Sade reflexiona en Justine que no tiene sentido portarse bien porque de todos modos “la naturaleza humana es malvada y es la que manda”? Entonces es un filósofo (sofista).

Sade como autor, se vale en la obra de la técnica del narrador omnisciente, que comenta el desarrollo de la trama, extrae conclusiones y exhorta al lector utilizando la segunda persona del plural. El narrador es una entidad dentro de la historia, diferente del autor (persona física) que la crea. Sade concede al lector un final convencional que no le voy a contar por razones obvias.

La publicación de Justine supuso un enorme escándalo y suscitó las más virulentas críticas. Y los humanos, como nos encanta hurgar en la miseria ajena, tendemos a pensar que la producción artística de las personas está basada en sus vidas: si tal actriz ha protagonizado una escena lésbica puede que sea lesbiana, si un actor ha caracterizado personajes de loco, puede que este loco, lo mismo sucede con un escritor, muchos dan por hecho que sus personajes están basadas en hechos de la vida del propio autor, sin embargo, no siempre es así.

A pesar de que se publicó clandestinamente y el siempre negara su autoría, fue ‘Justine’ la principal causa para que se le encerrara de por vida en diferentes instituciones mentales acusado de “demencia libertina”. Ese empeño vocacional, literariamente sádico, le causó un sufrimiento hasta las lágrimas.

El Marques de Sade fue calificado de “autor infame de novelas detestables”. Quizás tenga 30 obras conocidas, otras tantas destruidas y un número indeterminado que están perdidas; de ellas, sólo 4 son pornográficas, de esas solo tres llegaron a la imprenta y de las tres, una prácticamente no contiene violencia física. Yo creo que le dio a la imprenta lo que la gente quería leer, aunque con Juliette “se le pasó la mano” (la hermana, de cascos ligeros,  de Justine); pero a su favor podemos decir que la escribió sólo por dinero.

“Nunca, repito, nunca pintaré el crimen bajo otros colores que los del infierno; quiero que se lo vea al desnudo, que se le tema, que se le deteste, y no conozco otra forma de lograrlo que mostrarlo con todo el horror que lo caracteriza.” –Sade sobre la idea de sus novelas. Y claro que también dice… “Apaga tu alma y trata de convertir en goce todo lo que causa alarma a tu corazón”.

Sin embargo su carácter  perseverante y testarudo le mantuvo fiel a su temática favorita a pesar de los pesares, y consiguió volcar su inspiración aun en condiciones muy miserables, en las prisiones más denigrantes, escaso de papel y tinta. Pagó cara su voluntad: su vida fue peor a la de un indigente con mala reputación, enclaustrado, incomprendido, humillado y puede que muy deseado. Y por si eso fuera poco, perdió gran parte de su obra porque la amargosa suegra, quemó una buena parte y su hijo otra.

“En La Bastilla trabajé sin cesar, pero destrozaron y quemaron todo cuanto había, por la pérdida de mis manuscritos he llorado lágrimas teñidas de sangre. […] Las camas, las mesas o las cómodas pueden reemplazarse, pero las ideas… No, amigo mío, nunca seré capaz de describir la desesperación que me ha provocado esta pérdida”.

Confinado se dedicó principalmente a leer y escribir. Llegó a reunir una biblioteca de más de seiscientos volúmenes, estando interesado por los clásicos, Petarca, La Fontaine, Bocaccio, Cervantes y principalmente Voltaire y Rousseau. Por cierto, cuando las autoridades penitenciarias le negaron a Sade las Confesiones de Jean-Jacques Rousseau, escribió a su esposa en una de sus cartas lo siguiente:

“Sabed que una cosa es buena o mala según el punto en que uno se halle, y no por sí misma. (…) Rousseau puede ser un autor peligroso para unos santurrones de vuestra especie, pero para mí se convierte en un excelente libro. Jean-Jacques es con respecto a mí lo que para vosotros es la Imitación de Cristo. La moral y la religión de Rousseau son cosas severas para mí, y las leo cada vez que quiero mejorarme”.

Con el afán de buscar una razón que lo justifique de tan depravada obsesión, me atrevería  jugar a analizar que el Marques de Sade, fue sin duda, un personaje singular, pero no un caso aislado. Desde su infancia, vivió rodeado de mucho libertinaje por parte de su familia, incluido su padre. Un ejemplo de ello, es el tío del marqués de Sade, Jacques François, conocido por el abad de Sade: fue un libertino consejero. Este clérigo era un autentico prototipo del religioso de vida alegre, que por la mañana rezaba y por la noche fornicaba con putas. A los 4 años es separado de sus padres, a los 14 entra en una academia militar, a los 16 participa en la guerra, a los 23 es casado a la fuerza cuando él había solicitado hacerlo por amor, y después vivió la época del Terror donde las cabezas francesas rodaban por las plazas de los pueblos como pelotas de futbol.

Pero, ¿acaso no ha habido vergonzosos episodios reales de crueldad en la historia de la humanidad? En la época en que vivió este excéntrico personaje que a un hijo, especialmente de un aristócrata, lo educasen nodrizas, tutores o familiares y el contacto con sus padres fuese escaso, o que le enviasen a una academia militar y participar en guerras, realmente no tiene nada de extraño.

Ser cortés, honrado, orgulloso sin arrogancia, solícito sin palabras insulsas; satisfacer con frecuencia las pequeñas voluntades cuando no nos perjudican, ni a nosotros ni a nadie; vivir bien, divertirse sin arruinarse ni perder la cabeza; pocos amigos, quizá porque no existe ninguno verdaderamente sincero y que no me sacrificara veinte veces si entrara en juego el más ligero interés por su parte”. – Carta a su padre, 12 de agosto de 1760, en el campamento de Obertest.

Lo raro es lo que nos ha tocado vivir a nosotros, en los que una generación puede vivir sin verse directamente afectada; por una guerra, por el divorcio de los padres, por el maltrato de éstos, las violaciones sexuales, etc., etc., incluso  que se matrimoniase por motivos que nada tienen que ver con el amor por el cónyuge, ya que ésta sigue siendo una práctica extendida en buena parte del mundo. Viéndolo desde ese punto de vista no fue tan inusual como para asomarse al abismo e irse de cabeza… ¿Acaso no es interesante profundizar un poco y ver qué diablos nos pasa para que la violencia esté inherente allá donde pongamos los ojos? ¿Ayuda Sade a entender nuestra naturaleza de deseos oscuros o por lo contrario, nos anima a delinquir?

“Cuando se ha perseguido a un escritor durante más de 150 años como si fuera un personaje cruel e inhumano, se espera, en lo que concierne a la descripción de su vida, algo así como la biografía de un monstruo. Pero la vida del marqués de Sade resulta mucho menos aberrante de lo que uno teme y lo que realmente puede calificarse de espantoso es el destino que le acechó mientras vivía”. -Walter Lenning, Biografía del marqués de Sade (primer párrafo)

La expresión de un ateísmo incipiente radical es uno de los temas más recurrentes de sus escritos. Las falacias pretenden ser persuasivas, es decir, han de parecer argumentos sensatos para el receptor. Un ateo, ya no puede achacar todo lo malo a la influencia satánica y tiene que plantearse si los comportamientos “aberrantes” son intrínsecos a la naturaleza. Ya sea aplicado al sexo o a la violencia (en el caso de Sade, la combinación de ambos, poco importa si fue solo en el plano teórico o también en el práctico), el Marqués pagó por salirse de los cánones establecidos… en este caso con el enclaustramiento en un manicomio por cortesía de la susodicha suegra a quien yo, si calificaría como “sádica” según lo que he leído.

“En el transcurso de los sesenta y cinco días que he pasado aquí solo he respirado aire puro y fresco en cinco ocasiones, durante no más de una hora cada vez, en una especie de cementerio de unos cuatro metros cuadrados rodeado de murallas de más de quince metros de altura. […] El hombre que me trae la comida me hace compañía unos diez o doce minutos al día. El resto del tiempo lo paso en la más absoluta de las soledades, llorando. […] Así es mi vida.” -Carta de Sade a Renèe, su esposa antes de ser transferido a un manicomio.

Sade probablemente era un tipo sensible pero con una amalgama de creencias muy contradictorias que se reflejaron en una producción literaria similar. Practicar la virtud siempre resulta oneroso, mientras que quien practica la corrupción encuentra a una sociedad cómplice y putrefacta, lo que le permite adquirir ventaja. Me queda claro que a través de sus palabras se desgañitó por explicarnos, insistente, demente, sin piedad. Con la misma impiedad con la que fue tratado. En sus obras son característicos los antihéroes, los libertinos y libertinas protagonistas de las más aberrantes contravenciones y de disertaciones en las que, mediante sofismos, justifican cínicamente sus actos.

“¿Bajo qué fatal estrella tengo que haber nacido, me dije, para que me resulte imposible concebir un solo sentimiento de virtud que no sea inmediatamente seguido por un diluvio de males, y cómo es posible que esta ilustre providencia, cuya justicia me gozo en adorar, al castigarme por mis virtudes, me haya ofrecido al mismo tiempo la visión de quienes me aplastaban con sus vicios en la cúspide?”. –Fragmento de otra de sus cartas dirigidas a su esposa.

El Marqués tenía una visión particular de la libertad, para él, consistía en el sometimiento del hombre a sus propios instintos, por lo que cualquier aberración estaba justificada siempre que esté conducida a saciar aquellos apetitos. Algunos estudiosos afirman que ésto era más una pose que una verdadera creencia; y que los relatos y obras de teatro eran medios para expulsar de su espíritu aquellos impulsos licenciosos… su odio por el tirano. Toda esa represión la sublimó con excitación sexual y el resultado es tremendamente obsceno y escandaloso. Lo cierto es que nunca sabremos si el Marqués de Sade escribía para exorcizar sus demonios. En mi humilde opinión, los demonios que Sade expulsaba mediante la escritura gozaban de perfecta salud.

“Para el orgullo constituye una especie de placer el burlarse de los defectos que no se tienen y ese tipo de satisfacciones resultan tan gratas al hombre y especialmente a los imbéciles, que es muy raro ver que renuncien a él.”

Si nos sentimos atacados, atacamos. Si sentimos que la vida nos trata injustamente, hacemos lo propio…Hasta que aprendemos a actuar más allá de la acción-reacción, el tema es así. Y después está el poder inmenso de la masa porque creo que la palabra clave aquí es “pecado”; El sexto mandamiento de la versión simplificada. De todas las perversiones sexuales, la más incompresible es, sin duda alguna, la castidad.

“Los hombres tienden a desear una mujer con cuerpo de virgen pero mentalidad de puta.”

Debo confesar que la literatura de Sade resulta insoportable para mi sensibilidad cuando se refiere a  niños sodomizados, asesinados, masacrados. Se dice que muchas de sus obras contienen explícitas descripciones de violaciones e innumerables perversiones, actos de violencia extrema que en muchas ocasiones trascienden los límites de lo posible. Y aun, por encima de todo eso, me saca de quicio su empeño por convencernos con sofismas muy bien razonados pues, según su pluma, el mal siempre triunfa. Sin embargo, no dudo de su genialidad. Eso sí, más que literatura erótica, la definiría como filosofía porno -o gore-.

“Lo más sucio, lo más infame y lo más prohibido es el mejor estimulo para la mente. Es lo que hace que nos corramos de la manera más deliciosa”.

Quizá una de sus frases más socorridas habiendo tanta soledad, inmundicia en las cárceles y perversión humana. En la actualidad la figura de Sade sigue despertando filias y fobias. Como dije, no es tan sencillo leerlo; la mayor parte se la pasa jugando; seduce con sus palabras en la cabeza del lector martillando sus construcciones sociales; anima a abrazar lo perverso sin remordimientos y a romper el catre sin complejos; a violar cualquier virtud puritana ahora si qué “nomás por el placer de joder”.

Yo con gusto me tomaría unos tequilas con el Marqués de Sade mientras charlamos de lo bien que puede resumirse su filosofía por encima de los fantasmas y valores sociales actuales. Claro que esa filosofía no sólo se aplica a la sublimación del placer sexual personal, como muchos prefieren creer, sino también a la libertad de expresión. No habiendo respeto, seguro terminaríamos peleados.


4 Respuestas a “Marqués de Sade: Su vida; una novela gótica y sus obras una aventura orgiástica

  1. Muy bueno tu ensayo, el marqués es uno de mis grandes intereses, pero no creo que se le pueda denominar filosofía porno o gore es erotismo y este acaba donde empieza la pornografía, es una linea fina ente lo sublime y la mas absoluta ordinariez, por lo demás me parece un gran trabajo sobre Sade, pena que al final como Diógenes (en el caso del síndrome) de su nombre al Sadismo, algo tan sencillo como al que saca placer de ver sufrir al otro, pienso que el sadismo debería ser algo mas complejo y contradictorio, como bien indicas.

    Gracias y salud.

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