De la escritura subjetiva a los argumentos objetivos para 2012

“Aunque somos nuestro propio tiempo, a veces somos el tiempo de otros y otros son nuestro tiempo, a veces sin quererlo, a veces queriendo, a veces durmiendo, a veces despiertos”. -Doménico Cieri Estrada-

Hace unos días, leí en un muro de Facebook, un breve mensaje metamorfoseo de año nuevo que cacheteó la neurona de mis recuerdos. El pequeño fragmento rememoraba una anécdota sobre la infancia del autor; un compositor de música cristiana. Debo confesar que el detalle me sirvió de inspiración, sin embargo, tuve que lidiar un poco con mi rebeldía al intentar expresar mi opinión sin involucrar criterios ortodoxos para no salirme de mi propio estilo. Una narrativa que está más obligada al sentido del humor en cualquiera de sus matices. Y, haciendo una invocación al genio socarrón, recordé que…

De niña, cuando empezaba el nuevo ciclo escolar, disfrutaba el tener útiles escolares nuevos. Durante los primeros días de clases era muy cuidadosa al escribir sobre mis cuadernos y libros con olor a nuevo. Siempre empezaba escribiendo con arte,  con letra cursiva que practiqué en la escuela haciendo bolitas y palitos. Todo debía lucir impecable, limpio, perfecto…

Así pues, a medida que pasaban los días, luego las semanas… y después de unos meses sin proponérmelo siquiera, empecé a descuidarlo todo.  Al final del ciclo escolar, aquella letra churrigueresca y bien alineada, adornada de todo glosario, se transformaba en un tipo de manuscrito jeroglífico. Los libros de texto terminaban algo despastados, otros deshojados. Ni uno solo escapó de un manchón de manteca de biscocho, de chocolate o de migajas de galletas de malvavisco y coco prensadas entre las hojas. Mis cuadernos de raya apenas lograron sobrevivir sin un espacio en blanco; repletos de tachones, borrones y dibujos que mas bien parecian códices mayas.

En la adolescencia, nunca faltó la estampita recortada de; “Amor es…”, el signo de “Amor y Paz”, la clásica margarita deshojada del “me quiere…no me quiere” o  el corazoncito dibujado con la flecha atravesada y unas gotitas de sangre, según yo. ¡Diooos, qué tiempos aquellos!… ¿si esa libreta hablara?

Lo que pretendo decir es que siempre fue lo mismo; cada año empezaba el característico sello óptimo, presta y atiesta de buena vibra. Y terminaba entre garabatos, derrapando el suelo de panzazo y hasta creo que todo mundo me caía gordo.

El problema, por así decirlo, fue que se me hizo costumbre. Con los años,  sentí la imperiosa necesidad de sustituirlo. Opté por escribir un diario que satisficiere mi necedad. Sin embargo, el resultado fue el mismo,  mejor dicho, peor por culpa del pecado original, de una revista de moda francesa y unos zapatos de cristal.

El caso es que siempre empezaba con una narrativa descriptiva, casi  poética, y al final se trasformaba en un diccionario de palabrejas altisonantes, chanflonas y a veces vulgares que nunca me dejó compensada en calidad como primera persona. La segunda se hacia de la vista gorda y la tercera me reclamaba que no me diera por vencida. A pesar de todo, le hice caso. Lo cierto es que todas mis ‘obras’ quedaron inconclusas; la mayoría, más sueños y fantasías que realidades borroneadas que generalmente terminaban estrujadas en el cesto de basura.

Y así año tras año me dedique a pasar de la escritura subjetiva a los argumentos objetivos a sabiendas que al finalizar cada ciclo del calendario, mis historias se convertirían en cenizas como parte de un ritual mágico.

¿Que aprendí de todo esto?

Aprendí que la navidad y el año nuevo, son simple y llanamente otra oportunidad de renacer, de revivir, de florecer, de agradecer estar viva para rescribir la historia una y otra vez. Así fuesen con altas y bajas,  con faltas de ortografía, con aciertos, tachones o borrones.  No importa.

Finalmente, el tiempo me llevó a comprender que nos han puesto la tramoya al revés. Lo veo representado como la gente que trabaja en el circo. Ahí está el trapecio, donde uno se lanza y vuela haciendo acrobacias por los aires, el otro para y recibe. Y siempre, aunque a veces invisible, hay una red.

Hoy, hasta el sueño humano de echar a volar la imaginación ha sido derribado por la ley de la gravedad. Heme aquí,  tratando de recordar quien dijo ‘que la vida no sería fácil pero sí que vale la pena vivirla’… mas yo le agregaría; mirándola fijamente a los ojos sin agachar la mirada, retándola a que nos entregue lo mejor de ella y desafiándole los 365 días del año como si fuésemos trapecistas.

La vida en si, es una metáfora…

“Ojalá tuviera el cuerpo de una de veinte, pensar con la madurez de una de cuarenta y actuar con la sabiduría de una de sesenta”… todo junto [je je]… !Imposible!

Y mientras usted se refugia en la  memoria de sus propios recuerdos para aprender de ellos (supongo), yo me despido de Grecia, de los regímenes de Libya, Egipto, Tunez y Yemen, al 1% en Wall Street y la operación ‘occupied’ de Zuccotti Park y todos los desastres naturales y nucleares. Del Egipto libre, el Tokio devastado y un Brasil por abajo del agua. Del teatro inglés con los Murdoch y los cables de wikileaks por un rato. De Moreira y su actividad tricolor, del tapado blanquiazul, de Blake Mora, del amarillo con amor y del rojo con pasión. Del hombre invisible Chapo Guzman, de los… (¿?)… 50.000 muertos de Felipe Calderón. Del Tea Party con los gringos, del más buscado, muerto, resucitado y vuelto a morir de Osama Bin Laden, del presidente Obama, de las tropas estadounidenses en Irak, y del programa espacial porque finalmente ‘decidimos’ que nos quedamos en la tierra…

¿Quiere más?… De las zagas de vampiros, lobos y lunas eclipsadas, de las películas de Harry Potter y Spider Man, la second season de los Walking Dead’s y la quinta de los Jersey Shore, de R.E.M., de las Kardashian que ya me tienen hasta la madre con su ‘unreality show’, del pedante de  Charlie Sheen, de la muerte de Liz Taylor, de Amy, y Steve Jobs de los mexicanos Capulina, y Pedro Armendáriz Jr. De los divorcios de Demi y Ashton, Jlo y Marc Anthony, del Gobernator y María (y su chacha). De la Iniciativa México, la Academia y la Voz México. De la euforia de los e-mails, de la calentura humana en los “Chats” y de las viejas plataformas del “Facebook” y “Twitter”.

No puedo cerrar la maleta sin despedirme de una querida tía que falleció al inicio y del estimado amigo @CeKien que murió al final, voló acompañado de su ‘fiel colibrí hacia su luna tenoch’ (q.e.p.d. ambos).

Estamos en la cuenta regresiva. Dentro de unas horas estaremos estrenando un nuevo ciclo (y calzones rojos)… ¿Cómo alzar mi copa y brindar por todo lo que quedó en el 2011? con nostalgia y pudiera ser que con algunas lagrimas. No se! Lo que si se; que con el deseo de usar la maleta como peldaño, dibujando una gran sonrisa de satisfacción al tiempo que humedezco mis dedos para dar vuelta a la página número 2012.

Sin olvidarme, claro!

Brindar por ti que me lees.

Gracias y te deseo un año lleno de aventuras!!!

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