LA MORALEJA DEL NEGRO: RACISMO, DISCRIMINACION Y XENOFOBIA (parte 2)

“La criatura que estimula su furia, [la concesión], es abruptamente sustituido por otro, elegido sólo porque es vulnerable y al alcance de la mano” (Girard 1977, 2).

La Historia Universal nos enseña que en tiempos de crisis, es más fácil que cada uno se encierre en su propio cascarón y que busque un ‘chivo expiatorio’ que generalmente suele ser el eslabón más débil que rompe la cadena.

Para empezar a escribir la segunda parte de mi historia, tuve que leer un poco de aquí, otro de por allá, hasta que me encontré con un sitio que describe ‘algo’ de esa  esencia que estaba buscando. Lo leo, lo re-leo y le busque tres pies al gato hasta que la luz se puso en rojo.

Intentaré ser breve porque la he sustraído de la teoría del antropólogo francés René Girard escrita de una manera mucho más sesudo sobre el simbolismo de este animalito que representa el sacrificio y que hoy se hace más actual, por difícil que parezca.

En Antropología existe una teoría muy interesante sobre lo que se llama el chivo expiatorio”, que en general, éste sistema operaba en sociedades pre cristianas y de alguna forma ofrecía un control a la intimidación en sociedades pequeñas. Para empezar debía existir lo mas importante, el chivo expiatorio.

Varias víctimas comunes son dilucidados  en la lista de Girard que menciona en  ‘el círculo termina’ (1986): “niños, ancianos, personas con anormalidades físicas, mujeres, miembros de minorías étnicas o raciales, los pobres, y aquellos cuyos naturales dotaciones (belleza, inteligencia, encanto) o el estado (riqueza, posición, poder) que marca como excepcional ” (Wallace 1994.). También  podía ser un extranjero o cualquiera medianamente nuevo en la comunidad. En pocas palabras, alguien que pudiera ser sacrificable sin originar una escalada de violencia dentro de la comuna donde todos quedasen felices y aplaudiendo como focas.

Seguido a esto se originaba el proceso de contaminación mimética donde  “toda conducta humana es aprendida y todo aprendizaje se basa en la imitación” (Wallace 1994,8). La mimesis (imitación) es la copia del deseo de un “otro diferente”. Cuando en las comunidades pequeñas se originaba una contaminación, alguien de la colectividad señalaba al chivo expiatorio como el concentrador del “mal”. Si bien la contaminación mimética es lenta, también sabemos que es inexorable y una vez que se desata el mecanismo no tiene retorno y la comunidad comienza a contaminarse del deseo mimético de cada cual, hasta que se llega a un consenso, la persona elegida es, efectivamente, el culpable de todos los males de la comunidad (en la antigüedad entiéndase sequía, escasez, enfermedades, plagas, etcétera). Al final, se originaba la catarsis colectiva, la victima era sacrificada en pos de la restauración del orden colectivo, y una vez terminado el sacrificio la paz y el orden regresaban a los pueblos hasta que se volvía a presentar un nuevo problema donde era necesario un nuevo sacrificio, esto se convirtió un circulo vicioso.

Este  sistema sacrificial pre-cristiano, con  la llegada del cristianismo, marca una caída debido -principalmente- a la idea de “poner la otra mejilla”, esta acción permite que la violencia tenga una escalada interminable que se repite una y otra vez hasta el infinito. Creo que a pesar de la presencia del elemento cristiano el método de sacrificio es, en si mismo, un sistema que aún se encuentra presente en las todas las comunidades humanas, si bien no es un mecanismo consciente (de serlo no se podría manipular) se produce cada vez que hay alguna tensión que amenace el statu quo de una comunidad.

Y para dar por cerrada la hipótesis girardiana lo interesante del chivo expiatorio es que no es requisito que sea culpable [?], basta con el acuerdo de la comunidad para que lo sea [??]. Y una vez muerto (el chivo expiatorio) éste adquiere un carácter positivo y divino para la comunidad, creándose en ella un sentido positivo en torno a la victima que restauró el orden de la comunidad [???].

Es cosa de respirar hondo y profundo para darse una zambullida en las turbulentas y frías aguas de nuestras realidades y ver como este fenómeno se repite a escalas quizá menores o mayores según qué, pero no por ello deja de ser digno para el análisis del racismo, la xenofobia y la  discriminación que se sufre o se goza dependiendo el cristal con que se mire y sus efectos sobre éstas. Pero, si les interesa continuar  el tema, recomiendo a René Girard, ya que él ha desarrollado la teoría mimética de una forma magistral.

Si decidí introducirle con la hipótesis girardiana fue pensando en que podría estar relacionada al esquema de clasificación, en base a la diversidad de personas que caen en este grupo…

 La cultura de los pueblos indígenas como principio de la exclusión”.  

Pues bien, hasta aquí llega la parte de mi cerebro que dicta la sapiencia y que muy probablemente concuerda con la suya. Ahora le compartiré la que esta escrita con el corazón y a través de los ojos de un -o una- indígena y, le aseguro, que va más allá de todo aquello que puede verse a simple vista porque del significado de su cultura se desprenden mis raíces y, posiblemente, las suyas también. Existen razones más profundas que ayudan a entender el pa­pel del indígena en la conservación de la naturaleza.

Para Toledo (1992a: 5-22), la interacción pueblos indígenas-naturaleza va más allá de la percepción física, relacionándose íntimamente al cosmos del indígena. Esta cosmovisión incluye a todo el conjunto de creencias representadas y expresadas por mitos y ritos, que le permiten explicarse y relacionarse con su “sagrada naturaleza”.

Los pueblos prehispánicos describen la creación como un proceso de toma de conciencia del primer ser divino que, paso a paso, se auto-desarrolló desde la “oscuridad originaria” -un estado mítico primigenio en el que aún no había todavía conciencia de la futura creación- a formas antropomorfas.  En esa primera etapa de la creación aparecen animales míticos; el colibrí, la serpiente, la cigarra, el escarabajo, el saltamontes, el águila,  el armadillo, el jaguar, etcétera. Al principio de la creación los animales vivían en la tierra animados por el alma espiritual y el alma corporal, igual que los seres humanos.

Después, en la segunda creación, las almas espirituales de los animales viven “en las afueras del paraíso de su Padre“. Los animales de la tierra están animados sólo por el alma corporal, según la cosmovisión de algunas castas que coinciden que  es ésta, la diferencia entre los seres humanos y los animales. Sin embargo, la idea de que en tiempos míticos los animales fueron seres humanos existe en muchas culturas indígenas, sobre todo en pueblos cazadores-recolectoras.

El canto de un shamán Huichol al venado, la petición de lluvia del Chaa chak por los Mayas, o las ceremonias por la buena cosecha entre los Pipiles, son algunos ejemplos de la visión indígena en su búsqueda de reciprocidad con la madre naturaleza.

Todas las especies evolucionaron al ser confrontados con nuevos animales oriundos del “Viejo Mundo” (caballos, vacas, puercos, ovejas, etc.) porque se trata de manifestaciones diferentes de las almas espirituales de los animales, formadas en la época mítica. De ahí los extranjeros no-indígenas trajeron esas “formas” o “sombras manifestadas en otras formas” de las almas espirituales  a la zona de asentamientos indígenas donde sus ‘territorios’ sufrieron una extraña metamorfosis con la llegada del “hombre blanco”.

Para el indígena, la conceptualización de la naturaleza implica la conceptua­lización de sí mismo, porque él mismo forma parte de ella. La madre naturaleza es la que procura su alimentación, su ropa, su vivienda, in­cluso su propia esencia. Todo lo que son y por lo que ellos viven se lo deben a ella, no hay más.

Basándose en un código ético, los pueblos indígenas utilizan los re­cursos naturales pensando en el futuro de las generaciones venideras. Como un indígena mencionó al antropólogo Martin Von Hildebrand…

“La diferencia entre ustedes y nosotros es que mientras ustedes here­dan dineros a sus hijos, nosotros heredamos árboles y animales”.

Es justamente esta visión y actitud hacia la naturaleza la que ha pasado a segundo término para la dominante sociedad “civilizada”, “moderna” y “progresista”. Inmerso en el “yo”, el “aquí” y el “ahora”, el mundo de­sarrollado se pierde cada vez más en un consumismo y acaparamiento que va más allá de la satisfacción de sus necesidades apremiantes. De ahí la importancia y su apatía hacia los esclavos modernos.

Sin embargo, la participación de ellos en el manejo de las áreas natura­les protegidas, existe un silencioso activismo ecológico encabezado por grupos indígenas en diferentes partes de México donde más de dos mil comunidades rurales e indígenas se movilizan como respuesta a problemáticas relacionadas con la madre natura­leza. ‘Salvemos Wirikuta’ es una de ellas.

En los mitos se relatan metamorfosis de seres humanos que se transformaron en animales o vegetales, porque ya no querían soportar más humillaciones o porque habían violado un tabú. En otras ocasiones esta metamorfosis tuvo lugar, porque una persona que tenía un talento especial, lo quiso ofrecer a sus prójimos y descendientes y para ello tomó la forma de una especie animal o vegetal.

Respecto a la caza, muchos pueblos indígenas atribuyen a la ingesta de carne una influencia en los sueños nocturnos. Por esta razón algunos miembros más tradicionales de los pueblos rechazan la carne de res. Dicen que la vaca es un animal necio y siempre causa sueños turbios que no te enseñan nada. Cuentan que cuando el animal estaba ‘sanchito’ para dejarse matar y alimentar a los seres humanos, el cazador ya tenía la certeza de que tendría éxito al día siguiente. Existe una conexión con los animales, y sobre todo con los de caza, que tienen fama de ser muy generosos, y ellos, en agradecimiento, procuraban no hacerlos sufrir al matarlos. En un buena parte de las culturas indígenas se come el producto de la caza con la conciencia de que al comer se incorpora también las capacidades específicas del animal  de ahí el especial cuidado, su respeto y amor hacia los animales, incluida las plantas.

 Aun recientemente se han referido casos en que, sea por haber violado un tabú o sea por estar obsesionados con un alma de un animal poderoso  (el jaguar por ejemplo), los seres humanos hemos llegado hasta el punto de perder la condición humana y caer en un cierto estado parecido a un animal salvaje del que en algunos casos solamente chamanes muy poderosos pueden liberarnos. Sin embargo, la caza fue diezmando  debido a las sequías, los incendios forestales, la roturación por parte de latifundistas, la caza indiscriminada deportiva, y la destinada al mercado de pieles.

Otro ámbito extenso de las relaciones religiosas con la naturaleza surge en el contexto de la agricultura de corte y quema. Son excelentes agricultores en tierra fértil. Sus manos fecundan la tierra en cada surco para depositar la semilla, su fruto es el regalo de la madre tierra. México siempre ha sido el orgullo centro de origen, domesticación y diversificación de uno de los pastos más importantes: El maíz.

Una mujer wixarika carga diferentes variedades de maíz  al desierto de Wirikuta. Foto original de http://salvemoswirikuta.blogspot.com/

“El maíz ha ocupado un papel central en la cosmogonía de los pueblos mesoamericanos, representado como deidad desde los olmecas hasta “Tonan” nuestra madre, también conocida Cozamiauh, “espiga del maíz, adorada en el centro del Tepeyac, al norte de Tenochtitlan, a la llegada de los españoles”.

[Fragmento !Jijos del maíz!/Revista mexicanísimo/ Ejemplar de colección que guardo debajo de mi colchón]

Todo el ciclo agrícola, desde la siembra hasta la cosecha, está acompañado por oraciones. Piden a los árboles que se dejen talar para dar lugar a la siembra. Oran por el derecho indígena en cuanto a sus territorios tradicionales. Durante la quema cantan al viento que sople suavemente y no distribuir el fuego. En la mayoría, se bendicen los primeros frutos del campo y al cosechar el maíz blanco se celebra la gran fiesta del maíz para dar gracias.

En la intimidad, también rezan para ganarse las simpatías de algún ser divino asociado a la fertilidad.

Cita el Códice Florentino lo siguiente:

“Nuestro Dios se digno darnos la risa, el sueno y nuestro sustento, nuestra fuerza y nuestro brío. Y esto mas: lo terrenal [el sexo] para que sea la reproducción”.

Para no regar el tepache, era cuestión de moderar el disfrute de aquel regalo (la tlalticpacayotl o “lo terrenal”) como se hacia con otros bienes concedidos por los dioses.

“La sexualidad no es la lucha que libra un ser biológico y ahistórico con sus pulsiones en contra de las imposiciones de una sociedad externa. Los impulsos sexuales del individuo son producto de la indisoluble confluencia de naturaleza y cultura que se da en él.  La estricta normatividad a la que la sexualidad está sujeta parte de una concepción general, abstracta, imperante en cada cultura. En la tradición mesoamericana no se encuentra el oprobio a lo sexual que se da en otras tradiciones, ni se le confina a las funciones reproductivas aunque se dice que en algunas grupos indígenas –como los Chontales de Oaxaca, según Peter Turner- que fue el diablo quien enseño a tener sexo a los humanos y hasta que él les dio sus órganos sexuales, es este un diablo mesoamericanizado, no el ser absolutamente maléfico y terrible del “viejo mundo”. Es, simplemente, el señor del inframundo, y sus dominios  son los de lo frío y lo sexual”.

[Fragmento tomado prestado de la revista -No. 104- ‘Arqueología Mexicana’/Sexualidad en Mesoamérica que orgullosamente forma parte de mi enciclopedia porno]

Este amplio panorama de la sexualidad en la tradición que apenas apunta con escasos  ejemplos a la amplia temática, sobre todo al origen de ‘la casa chica’, es claro un sistema que los hombres han tejido por milenios desde cualquier tradición, del cual hoy no voy a mezclar (pero si acusar de chivos expiatorios a los españoles).

También las plantas medicinales revelan todo su potencial sólo cuando se reza debidamente antes de recogerlas.  Lo más importante es la conciencia con que se dice la oración. Por lo tanto, son más eficaces las oraciones de personas que saben entrar y permanecer en un estado de conciencia parecido a la meditación, que esos viajes astrales donde chocan con las almas corporales de los seres vivos que se quedaron atorados en el camino (usted sabe a lo que me refiero).

En algunas culturas las almas de los difuntos vigilan ciertos lugares de la zona del asentamiento tradicional. Mantener buenas relaciones con ellos forma parte de la mística protectora del espacio habitado y usado por sus descendientes vivos.  Esta intensa interconexión religiosa en la vida cotidiana no tiene nada de distanciamiento sacrosanto. A veces las oraciones son bastante sencillas. En otras suplican y realizan rituales por la no expulsión de sus territorios, por el respeto de sus zonas sagradas y por la destrucción de sus cultivos por la mano mestiza, directa o indirectamente.

Observan cuidadosamente el código moral que se refiere sobre todo al comportamiento RESPETUOSO  para con los ancianos porque para ellos representan la SABIDURIA,   que incorporan en muchas situaciones cotidianas, pero también su atención y sensibilidad en el trato social, sobre todo con los niños por su inocencia y pureza del alma. Es una obligación sagrada COMPARTIR con la comunidad y utilizar los recursos naturales con ENTENDIMIENTO y sin desperdicio alguno.

Al principio me costó entender lo que podía haber pasado en el interior de un hombre a quién respetuosamente pidió a un árbol determinado que se dejase talar y al año siguiente ayudar con sus propias manos a deforestar muchas hectáreas de bosque sagrado. El mismo bosque por el que su comunidad y nosotros como sociedad se supone estamos luchando duramente para arrancarlo de otras manos, las del tirano y latifundista que se dedica a la explotación de esas tierras sagradas  y devolverlo al territorio indígena. Por un tiempo me resultó difícil entender ésta ruptura tan drástica en las relaciones de indígenas con la naturaleza.

 ¿Qué me hizo cambiar?…

La respuesta ha estado ahí todo el tiempo. La contaminación se grabo en la historia desde hace 500 años cuando la conquista europea condenó por herejía a los indígenas que vivían en comunión con la madre tierra, y por creer en ella fueron azotados, degollados o quemados vivos, condenados como chivos expiatorios para purificarse de las culpas.

Luego nosotros, los mismos mestizos,  criollos y colados  ‘poca madre’ de siempre que los ha mantenido aislados porque nos avergüenza y asusta terriblemente la pobreza.  Acaso,  no los hemos orillando al auto-sacrificio llevándose consigo los pecados del pueblo?

Por donde he querido comprender, cerebro y corazón hablan; El ejemplo de HONOR, DIGNIDAD, Y FORTALEZA debimos mimetizar desde hace bastante tiempo.

Mil gracias por regalarse unos minutos leyéndome. Cierro con el titulo y continuaré con otro (mas específicos sobre los pueblos indígenas y el gobierno) en la próxima entrada.

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